Están jugando con enorme irresponsabilidad

El conflicto entre los poderes Ejecutivo y el Legislativo es inevitable en todos los sistemas presidenciales. Si no se ceden las comisiones, entonces el Congreso puede convertirse en una suerte de asamblea del pueblo donde hay un montón de diputados que opinan pero que no pueden actuar.
Esta instancia de conflicto entre los poderes Ejecutivo y el Legislativo es inevitable en todos los sistemas presidenciales. Si no se ceden las comisiones, entonces el Congreso puede convertirse en una suerte de asamblea del pueblo donde hay un montón de diputados que opinan pero que no pueden actuar porque las comisiones no funcionan plenamente. De suceder, el conflicto no ocurriría el año que viene sino en las próximas semanas.

Estamos en los prolegómenos de una tormenta. Puede no haber cooperación y que la situación se estabilice en un bloqueo, entonces el Ejecutivo gobernaría vía decretos. También la oposición podría escalar en el conflicto y recurrir a los plebiscitos, que no pueden ser vetados. Otra posibilidad es que podrían escalarse recurriendo ambos, oficialismo y oposición, a vías extrainstitucionales, que es lo que ya se está viendo. Ejemplo de ello son las movilizaciones y contramovilizaciones, de apoyo y protestas, y de medir fuerzas en la calle.

La conflicto entre los poderes Ejecutivo y Legislativo tiene su antecedente histórico en el final del gobierno de Raúl Alfonsín y no es desatinado pensar que a Cristina Kirchner le podría pasar algo parecido. Lo que casi seguro es que el kirchnerismo no reaccionará de la misma manera, teniendo en cuenta la terquedad que los caracteriza.

En su caso, habrá que observar qué tipo de relación tendrán con los poderes locales, gobernadores e intendentes: ellos son los primeros en recibir los reclamos, las demandas y también los cachetazos. Cuando esto sucede, en el peronismo es casi una tradición tirarle la culpa a quien está arriba, como ocurrió durante el fin del menemismo. Se podría generar así una cadena de facturas ascendente en la que los poderes regionales patean la responsabilidad hacia arriba. Esto aumentaría la tensión y pueden suceder dos cosas: o los intendentes empiezan a caer ante sus crisis o se pasan a la oposición cuando ya no les resulte más negocio estar en las filas del oficialismo. Sin embargo, los kirchner han sido muy hábiles en disciplinar a gobernadores e intendentes, es decir que en esto han demostrado una destreza inusual.

Alfonsín tenía en su momento una alta inflación que le permitía retrasar las transferencias, y cuando éstas llegaban a las provincias se encontraban devaluadas. Manipular esos tiempos le pudo ser eficaz durante cierto tiempo. Pero, además, en su relación con el Poder Legislativo, cedió espacios institucionales y comisiones a la oposición cuando se encontró como primera minoría. La diferencia es que Alfonsín se los cedió a una oposición que se encontraba unificada y que tenía algunos aspectos cooperativos. Eso explica por qué pudo consensuar aspectos con Antonio Cafiero en su momento, lo cual le permitió ganar cierto tiempo hasta que esa instancia se agotó. La situación actual no permite que se reproduzca esa mínima instancia de cooperación. Aquí parece que tanto oficialismo como oposición están jugando el juego con una enorme irresponsabilidad.

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