"Estamos viviendo un unitarismo extremo"

Silvio Maresca, filósofo, autor de numerosos libros, estudioso de Nietzche, ex director de la Biblioteca Nacional y del Fondo Nacional de Artes estuvo en Catamarca.

Disertó en el Centro Educativo Franciscano del Colegio Quintana, sobre los obstáculos a la producción del conocimiento y, en el marco de un ciclo de conferencias organizado por el Centro de Conocimiento Político, Administrativo y Social, sobre el rol de los intelectuales.

Crítico del kirchnerismo y del "progresismo vacilante" que, dice, encarnan, Néstor y Cristina Kirchner, Maresca habló con El Ancasti sobre el excesivo unitarismo del Gobierno Nacional, sobre la necesidad de discutir temas pendientes como la reforma política y la coparticipación federal y sobre lo conveniente de avanzar hacia un régimen parlamentario que reemplace al presidencialista.

- ¿En qué lugar del espectro político ubicaría al Gobierno Nacional?

- En la línea del progresismo que impera hoy en América Latina, pero con enormes vacilaciones a su vez. Lo veo como un gobierno vacilante. En el fondo, la ideología del kichnerismo es una ideología progresista en el sentido de una visión social-demócrata que concibe a la política en una derecha y una izquierda; pero al mismo tiempo de modo muy vacilante. De ahí que uno encuentra una serie de incongruencias, como aplaudir a Chávez y después acercarse a Bush, con pocos días de diferencia. Esto también tiene que ver con el pragmatismo propio del peronismo.

-¿Cómo evalúa el año de gestión que va a cumplir el gobierno de Cristina Kirchner?

-¿Cómo veo al gobierno? Como un gobierno vacilante, con una ideología que lo ha llevado a una derrota importante. Esta visión de ordenar el campo político entre derecha e izquierda, ha llevado a generar un bloque opositor, llamado ´el campo´ que ha sido generado en gran medida, en cuanto bloque político-opositor, por el Gobierno; y frente al cual, el Gobierno ha sido derrotado.

En virtud de las medidas que va tomando hasta el momento el gobierno nacional, ¿piensa que la Presidenta tiene en claro el modelo de país que quiere alcanzar?

-Yo creo que no, es un gobierno caracterizado por el cortoplacismo. Yo ya dije en 2005 que el gobierno carece de proyecto estratégico, y sigo pensando lo mismo. No hay una visión a mediano y largo plazo. Tampoco creo que se puedan hacer planes quinquenales como en 1940 porque es un mundo muy cambiante, pero creo que tiene que haber ciertas orientaciones básicas, en el sentido de si vamos a construir un país agroindustrial, o lo que fuere, y tomar medidas coherentes en esa dirección.

No hay equipos técnicos que estén pensando en ese modelo de país. Argentina necesita grupos alejados de la política inmediata que estén pensando el país en sus distintos aspectos: económico, político cultural. Hoy por hoy no tenemos rumbo, vamos a los tumbos, de acuerdo a los vientos que soplan.

-¿Cuáles son los temas políticos más urgentes a debatir en el país?

Los grandes temas están todos en suspenso: la reforma política, la coparticipación federal. Hay que generar un nuevo pacto entre la Nación y las provincias, que no pasa sólo por el porcentaje que se va a quedar cada una, sino por cierta reorganización del país porque, a mi juicio, estamos viviendo un unitarismo extremo, más allá de algunas ideologías federalistas.

- ¿Cuáles son los aspectos en los que usted advierte ese unitarismo?

-Cuando un gobierno maneja la caja a discreción, cuando no se coparticipan los principales impuestos, como las retenciones, que tendrían que ser coparticipables. Esto es un círculo vicioso: cuanto más recauda la Nación para sí, más reparte discrecionalmente el dinero, y más subordina a los gobiernos provinciales.

-¿Cree que el Congreso está jugando un rol que contribuye al federalismo?

Ha mejorado su papel; porque por largos años fue lamentable, no sólo en este gobierno sino en los anteriores. Pero al habilitar el Ejecutivo el tema de la resolución 125 (cuando la Presidenta envió al Congreso el proyecto de retenciones), y de ahí en más otras cuestiones, empieza a aparecer algo más interesante: diputados y senadores que tienen algo que decir. Y la gente empieza a percibir un campo político más amplio, no centrado en dos personas solamente.

No sé si estamos maduros para un régimen parlamentario, pero creo que sería deseable, porque no podemos seguir en un sistema caudillista como tuvimos y tenemos. ¿Pero cómo lo implementamos? Sería un verdadero desafío conducir desde la pluralidad; siempre es más fácil aplastar la pluralidad e imponer una opinión única, pero el problema de esto último es que después se ve que esto no contiene y aparecen los conflictos.

¿Cuáles son los temas a los que están abocados hoy los intelectuales?

A raíz de este conflicto entre el gobierno y el campo ha reaparecido el interés de los intelectuales por la política, que hace tiempo estaba dormido o en un segundo plano. Lo que me preocupa son los términos en los que se ha dado ese debate, porque hay una forma de ejercer la intelectualidad que recae en vicios como tener una posición exclusivamente crítica. El núcleo de pensamiento tiene que ser crítico, pero sobre todo en países como el nuestro, tiene que ser constructivo también.

Lo que veo en este resurgimiento del pensamiento intelectual, es la crítica al campo, la crítica a los medios, la crítica al gobierno que apoyan, pero no veo ni una sola idea de futuro, constructiva.

Comentá la nota