"Estamos en las manos de Dios"

De visita en Buenos Aires, la maestra jubilada habló de las dificultades políticas del gobierno de su hermano y también se refirió a la paternidad del ex obispo: "La carne es débil y cualquiera puede caer en una debilidad".
Mercedes Lugo sonríe amablemente y responde con un tono dulce y calmo. Pero sus ojos movedizos delatan su incomodidad por el momento que está viviendo su hermano, el presidente de Paraguay, Fernando Lugo. Mide cada una de las palabras que pronuncia, pero no puede evitar transmitir una sensación de desamparo ante las amenazas que se ciernen sobre el gobierno paraguayo. "Estamos en manos del Señor, Dios", responde la maestra jubilada de 67 años cuando le preguntan por la posibilidad de un golpe de Estado en su país, como el que sufrieron los hondureños hace cuatro meses y medio.

Esta semana la primera dama paraguaya pasó tres días por Buenos Aires para visitar algunos hospitales porteños y discutir proyectos bilaterales con el ministro de Salud, Juan Manzur, y la ministra de Desarrollo Social argentina, Alicia Kirchner, una mujer que como a ella le tocó acompañar a su hermano en el poder. Antes de partir de vuelta para Asunción habló con Página/12 en el lobby de su hotel. Su nuera la vigila de cerca y le tiene preparado el mate. Es el mate de la campaña electoral, con su foto y la de su hermano sonriendo victoriosos. Apenas un año atrás.

Hoy la situación es un poco más dramática. El presidente Lugo perdió el apoyo de su vicepresidente, el conservador Federico Franco, y de gran parte del Partido Liberal, su principal apoyo institucional. Con muy pocos amigos en el Congreso y la Justicia y los medios en contra, el ex obispo ya tambaleó dos veces en su primer año de mandato. La primera, en abril pasado, cuando se descubrió que era padre de un niño de dos años –concebido cuando aún pertenecía al clero– y quizás de otros cinco más. La segunda, en octubre, con el secuestro de un ganadero y la amenaza de un levantamiento en armas de los terratenientes. Esta última vez el mandatario tuvo que relevar a toda la cúpula militar y desactivar las negociaciones en el Congreso para aprobar un juicio político.

Durante 40 años Mercedes Lugo dio clases en escuelas, secundarios y universidades y en los últimos 22 ocupó el cargo de directora de una escuela pública. Hacía tiempo que tenía la edad necesaria para jubilarse, pero se negaba a abandonar las aulas. Recién el año pasado aceptó abandonar el pizarrón para seguir los pasos de su hermano hasta el Palacio de Gobierno. En apenas unos meses la maestra aprendió a evitar las preguntas incómodas y mantenerse dentro de su libreto, pero aún conserva esa paciencia y calidez que sólo una maestra puede transmitir.

–En la campaña, usted solía decir que los amigos se hacen en la cárcel y en el hospital. ¿Quiénes resultaron ser los amigos del presidente Lugo en esta crisis política?

–El presidente Fernando Lugo tiene una entereza, una fortaleza y una conciencia limpia. No teme a nada. El que nada tiene, nada teme. Quizás el 90 por ciento de la población sigue creyendo en él.

–Pero no así los políticos...

–Hay muchos problemas, es cierto. No tiene la mayoría en el Parlamento y eso dificulta mucho las cosas. Pero a pesar de todo, sigue adelante.

–Parece haber perdido el apoyo inclusive de sus aliados, los liberales.

–El Partido Liberal no tiene por qué poner obstáculos, es parte del gobierno; pero de todas formas lo hace. Tengo la esperanza de que a través del diálogo se va a llegar a un consenso nuevamente.

–¿Aun con el nivel de violencia, física y verbal, que se desató entre los terratenientes?

–La violencia se está acrecentando en todas partes, pero el gobierno siempre se está ocupando de investigar por qué razón existe tanta violencia. Lo cierto es que no se puede revertir una hegemonía de 61 años en un año. Fernando Lugo está haciendo su trabajo como prometió durante su campaña. Está encontrando mucha oposición, pero eso no lo amilana, le da más fuerza. Creo que va a llegar a ver cumplido su objetivo: un Paraguay con habitantes con los mismos derechos, jóvenes felices y una familia reintegrada.

–¿Entonces descarta la posibilidad de un golpe de Estado, como advierten el movimiento campesino y algunos funcionarios del gobierno paraguayo?

–Mire, eso no se lo puedo decir, pero y si ocurre ¿qué vamos a hacer? Muchas veces hay que tomar las cosas como vienen y si se produce una situación podemos intentar revertirla. Estamos en manos del Señor, que Dios haga lo que tiene que hacer.

Como su hermano, Mercedes es muy religiosa. No habla del pueblo paraguayo, sino de la familia paraguaya. No sigue las enseñanzas o las ideas de algún prócer latinoamericano; prefiere la palabra de Dios. Inclusive para defender la paternidad de su hermano, un tema tabú entre los aliados y los íntimos del ex obispo católico.

"Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Un sacerdote, un obispo, un Papa es un hombre, en cuerpo, alma y sangre. La carne es débil y cualquiera puede caer en una debilidad...y si hay niños, bienvenidos sean porque ellos son una bendición de Dios", aseguró la primera dama, perdiendo por un instante su hablar calmo y paciente. Una cosa es hablar de política, otra muy diferente es meterse con la familia.

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