Así estamos, entre muertos y degollados

La indignación con un gobierno que no ha satisfecho las propuestas del 2007, también se ha trasladado hacia una oposición que no puede capitalizar ese fastidio y mal humor que se tiene con Celso Jaque y su equipo.
Más de la mitad de la población mendocina está fastidiada y muy enojada con la marcha del gobierno de Celso Jaque. Así lo indica la mayoría de los sondeos, tanto los que se piden desde la Casa de Gobierno de tanto en tanto, como aquellos que se financian con recursos provistos desde el arco opositor.

Sin embargo, ¿esta situación significa una segura derrota del oficialismo en octubre y casi un certificado de defunción definitivo para sus posibilidades en el 2011?

No parece ser todo tan así, tan matemático. Porque la indignación con un gobierno que no ha satisfecho –lo que aparece como muy claro e incontrastable– desde ya tanto a la gente que confió, como a la que no, en aquellas propuestas del 2007, también se ha trasladado hacia una oposición que no puede capitalizar, al menos por ahora, ese fastidio y mal humor general que se tiene con Celso Jaque y su equipo.

La gente ha perdido la confianza, porque el fracaso tempranero del plan de gobierno de Jaque, al no poder reencauzar la provincia por los carriles de crecimiento y bienestar social que prometió, no es más que la ratificación de una sospecha que, como un fantasma, ha sobrevolado el inconsciente colectivo provincial y es que a esta clase dirigente todavía le falta madurez, audacia y creatividad para volver a llevar a Mendoza a los lugares de privilegio que ha perdido. Si Jaque fue cuestionado de entrada nomás, cuando se tuvo la certeza de que se improvisaba en varios aspectos, la decepción ha sido mucho más profunda cuando, al mirar hacia el alrededor, las alternativas que se muestran, en realidad, no muestran nada.

Hoy, entre 55 y 60 por ciento del electorado estaría dándole la espalda a los candidatos que el gobierno pudiese apoyar para octubre. Pero es fastidio, como está dicho. Un enojo que tampoco se transforma en un voto de confianza a algún candidato opositor al jaquismo, al menos por ahora. Esto se explica en la confusión que reina y que se va a acentuar desde el próximo fin de semana, cuando en plenos festejos vendimiales, la mayor vidriera política que tendrá el país de aquí a octubre, comiencen a mostrarse algunas variantes al oficialismo.

Entre las ofertas, es muy probable que desembarque el trío Macri-Solá-De Narváez, con todas sus miserias intestinas: si bien coinciden en derrotar al kirchnerismo, no han logrado definir la estrategia a seguir, ocupados en la competencia entre los tres para ver en quién recae el liderazgo. Y con sus propias diásporas, como la que sufre el PRO de Macri en Buenos Aires, a quien se lo acusa de haber cedido las banderas del partido al duhaldismo a raíz de este acuerdo. Aprovechando la llegada del trío, los peronistas concertadores, que se ven afuera de un eventual acuerdo entre la UCR y el Confe de Julio Cobos, buscarán fotografiarse con ellos, en especial con Felipe Solá. Allí se van a mostrar Enrique Thomas, Guillermo Amstutz, Jorge Pardal y hasta la hipercobista Patricia Gutiérrez, quienes se ven con pocas chances de integrar en lugares expectantes las listas que podrían armar los radicales con el cobismo en caso de que acuerden ir juntos en octubre. Este espacio, Unidad Peronista, busca hacerse lugar con Solá a la cabeza y negociar con Cobos una oferta electoral única, sin los radicales en el medio, porque estos les quitan lugares “entrables”.

Y allí anda Cobos, a su vez, paseando su buena imagen por el país pero sin candidatos, sin estructura y, por sobre todas las cosas, sin que se le vea un atisbo de plan estratégico sobre lo que quiere para el país y lo que propone por él, si es que pretende arrebatarle el poder a los Kirchner en el 2011. Los problemas del vicepresidente no son subestimables, porque su entorno pensó que le lloverían candidatos y adhesiones a la luz de su buena estrella, pero no ha sido tan así. En Mendoza no cierra el pacto con la UCR y hasta es posible que los radicales de pura cepa armen algo por afuera del propio partido, con el solo afán de restarle votos a quien fuera gobernador de la provincia y a quien apuntan, como Roberto Iglesias, de ser el gran culpable del quiebre partidario y del gobierno, por sobre todo. Las heridas allí son muy profundas y difíciles de cicatrizar. Los enconos y odios aparecen como insalvables, lo que atenta contra los que alimentan el acuerdo, en realidad, un puñado.

Los gansos tienen lo suyo, con una interna que los debilita también. Omar de Marchi, al frente del control partidario ,tiene como oposición a Diego Arenas y en vano parecen ser sus esfuerzos por mostrar un partido más allá de todos y concentrado en las soluciones a los problemas, como pretende el diputado nacional. Sin embargo, De Marchi cree, frente a los problemas del resto, tanto oficialistas como la oposición no demócrata, que el PD puede entrar por el medio, hacer una buena elección en octubre y avanzar por la gobernación en el 2011, lo único que lo desvela. “No nos sirve otra cosa que ganar las elecciones a gobernador y quedarnos allí por veinte años”, vocifera el demócrata.

¿imbécil yo? jamás. Y el oficialismo, pese a lo que todo el mundo preanuncia, acerca de que se encuentra frente a una suerte de apocalipsis con explosión final en el 2011, marcha y hace oídos sordos. Ayer, con Néstor Kirchner, Jaque y los intendentes del PJ comenzaron a diagramar la estrategia, basada en fondos frescos para obras públicas y visitas de los K a la cuna del vicepresidente. Está claro que las ventajas que lleva quien hoy conduce el Gobierno son más que apreciables, pero no le garantizan en absoluto, siquiera un buen papel en las elecciones aún perdiendo. Pero la fuerza del peronismo, la tracción histórica a su favor en la que confían, los ha casi mareados, aunque no les ha hecho perder la parte de la conciencia del sentido común que, con brutal honestidad, resumió Jorge Omar Giménez, el intendente de San Martín, cuando viajó ayer a la reunión con el ex presidente: “Estamos en un año electoral, si no es ahora, ¿cuándo? Sería un imbécil si no aprovecho esta oportunidad”. Imposible más claridad.

La contundencia de la billetera por sobre el debate de ideas es la única estrategia a seguir.

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