"Estamos creando áreas de aislamiento"

"Estamos creando áreas de aislamiento"
El ministro de Salud provincial aseguró en entrevista exclusiva a Páginal12 que los hospitales provinciales tendrán zonas especiales de aislamiento para pacientes con dengue. Desarrollan un detergente que impregna la ropa de repelente.
Como medida de lucha contra el dengue, el ministro de Salud bonaerense, Claudio Zin, anticipó que están organizando sectores de aislamiento en los hospitales de la provincia, en una etapa que ya finaliza y que demandó siete meses. Durante una entrevista exclusiva ofrecida a Página/12, el titular de la cartera de Salud describió el mecanismo del dengue y los escudos que se van aplicando buscando cerrar el paso de la enfermedad a la provincia. Sostuvo que la fumigación por sí misma no constituye un escudo efectivo. Y describió un proyecto local que consiste en una sustancia que al lavarse la ropa queda impregnada con un detergente llamado permetrina, que ahuyenta a los mosquitos durante un tiempo.

–¿Conoce otras investigaciones cuyos resultados sean más accesibles?

–Sí. El lunes voy a analizar un proyecto local privado de una sustancia con la cual se lava la ropa y que queda impregnada con un repelente llamado permetrina por un tiempo.

–¿Cuáles son las políticas de salud sobre dengue que está llevando adelante el gobierno de la provincia de Buenos Aires?

–El gobierno bonaerense está alineado con el gobierno nacional y, en ese sentido, adherimos al compromiso que el ministro Manzur propuso en el Consejo Federal de Salud acerca de qué debe hacer cada provincia. Pero necesitamos un escudamiento de las provincias del NOA y el NEA para evitar que el dengue llegue a la provincia de Buenos Aires vía casos importados del sur de Bolivia, Paraguay, Brasil, y algunas provincias del NOA y del NEA.

–¿Influyen las migraciones?

–Hay un movimiento imperceptible de gente que viaja permanentemente a esos sitios, y que reside en la provincia de Buenos Aires. Lo que Nación debe hacer es controlar este movimiento de gente con un poco más de esmero, enseñándole a que se proteja contra el mosquito.

–¿Y qué se hace con el paciente que padece dengue?

–Hay que aislarlo inmediatamente, que no significa ponerlo en cuarentena, sino ubicarlo durante seis o siete días, ocho a lo sumo, en una habitación con mosquitero y cubrirlo con un tul para que los mosquitos no lo piquen, porque el paciente que tiene dengue es el difusor de la enfermedad, ya que el mosquito lo pica y puede, eventualmente, transmitir la enfermedad. Y para eso necesitamos hospitales con esta estructura; tarea que comenzamos en abril y estamos terminando.

–¿Todos los hospitales tendrán algún lugar de aislamiento?

–Sí. En algunos vamos a concentrar más pacientes; otra vez, el Hospital Abete de Malvinas Argentinas.

–¿La ciencia está en condiciones de producir una vacuna contra el dengue?

–En el mundo, hay tres laboratorios comerciales, más el Instituto Butantan de San Pablo, Brasil, que están desarrollando la vacuna contra el dengue. Ellos creen que en un plazo no menor a 5 o 7 años podrán tener una vacuna comercializable en el mercado.

–¿Fumigar es realmente eficaz?

–Es la última herramienta que se emplea contra el dengue. Mata al 40 por ciento de los mosquitos adultos.

–En la región, ¿conoce alguna acción efectiva contra el dengue?

–Esta semana tuve una reunión con el embajador de Ecuador en Argentina, que es médico, y fue ministro de Salud en ese país durante dos años, y logró disminuir de 80 mil a 8 mil casos por año logrando que la gente tomara conciencia y cambiando una situación de: "Bueno, yo voy a esperar a que fumiguen". Si la gente va a esperar a que fumiguemos y que esa herramienta controle el dengue vamos por mal camino.

–El INTI acaba de ganar un premio en el concurso Innovar 2009 por la investigación aplicada de una tela que utiliza aceites microencapsulados para repeler al mosquito...

–Esas telas ya existen en el mercado pero son caras. Cuestan el doble que una remera convencional.

–¿Qué se hizo durante la epidemia de gripe A?

–Ni bien nos enteramos de su existencia, surgió la necesidad de asignar un hospital con tecnología de última generación que se dedicara exclusivamente a la gripe A: ese fue el Hospital Federico Abete, que fue afectado a los casos más graves y a los que podían complicarse.

–¿Cómo afectó la influenza a los denominados grupos de riesgo?

–Nos sorprendieron dos grupos: las mujeres embarazadas, porque con la llegada del virus H1N1 vimos que la gripe podía convertirse en mortal para ellas. Y las personas jóvenes obesas con más de 30 kilos de sobrepeso también tuvieron mayor riesgo.

–¿Es el caso del chico de 22 años que falleció hace unos días?

–No. En realidad, la persona de 22 años que falleció el sábado pasado en el Hospital General de Agudos Dr. Erill, de Escobar, no tenía sobrepeso.

–¿Presentaba algún tipo de complicación respiratoria?

–Estamos investigando eso en estos momentos porque ingresó al hospital y, al día siguiente, murió.

–¿El sistema de salud argentino aprendió algo a partir de la llegada del virus H1N1 al país?

–Creo que la mayor enseñanza está vinculada con la comunicación: junto al ministro de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, nos convertimos en comunicadores permanentes advirtiendo a la gente que era imprescindible que tomara recaudos per se, lavándose las manos, aislándose socialmente cuando presentaran síntomas.

–¿Qué queda por hacer en caso de un posible rebrote cuando regrese el frío?

–La Presidenta de la Nación y el ministro de Salud están empeñados en conseguir la mayor cantidad de vacunas posible para cubrir la demanda durante el otoño. Esto no implica un tema de dinero ni de voluntad política sino de producción a escala.

–Vacuna que ya se está produciendo...

–Sí, pero no en la cantidad adecuada, aunque es probable que se corrijan las falencias de producción y para nuestro otoño tengamos suficientes vacunas que se aplicarán en los grupos vulnerables: mujeres embarazadas, jóvenes obesos, personal de salud pública y de fuerza de seguridad, entre otros; y, eventualmente, pacientes con problemas respiratorios crónicos y enfermedades que comprometan su sistema de defensa.

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