Estados Unidos y China reinventan el sistema de poder mundial.

Por: Jorge Castro.

Barajar y dar de nuevo. La crisis ha volcado la balanza en beneficio de China. En ese reequilibrio, surge una nueva división internacional del trabajo.

La relación entre Estados Unidos y China definirá el siglo XXI", dijo Barack Obama al inaugurar el Diálogo Estratégico y Económico (27 y 28 de julio, Washington D.F). Dai Bingquo, tercero en el liderazgo político de la República Popular, coincidió con más imágenes: "Estamos en el mismo barco, que ha sido brutalmente golpeado por el viento salvaje y las grandes olas de la crisis".

La fórmula del Diálogo posee un orden causal. La negociación entre las dos superpotencias tiene un significado ante todo estratégico -es decir, político- y sólo accesoriamente económico. Es un intento de restablecer la gobernabilidad del sistema mundial, golpeada por la mayor crisis financiera de los últimos 60 años. La relación entre EE. UU. y China también se funda en un sentido inverso. Muestra que en el mundo de hoy no existe política exterior -seguridad, alianzas, antagonismos- fuera del marco de una determinada inserción internacional, esto es, de los canales de inversión, comercio y flujos de capitales.

Entre abril y junio de este año, China aumentó sus reservas en 177.000 millones de dólares; ahora ascienden a 2.3 trillones de dólares (75% o más son activos financieros norteamericanos). La semana pasada, EE. UU. colocó en el mercado internacional 200.000 millones de dólares en títulos del Tesoro: entre 50% y 60% fueron adquiridos por la República Popular.La crisis ha volcado la balanza del poder mundial hacia China, y acelerado su conversión en superpotencia global -decisiva en el plano de la gobernabilidad-, junto con EE. UU.China no es sólo China. Es también la región Asia-Pacífico. Entre abril y junio, cuando la República Popular creció 17% trimestre sobre trimestre (7.9% anual), Corea del Sur aumentó 10% el producto; Singapur, 20%; y en Taiwán y Japón, el PBI industrial -arrastrado por la demanda china- tuvo un auge de 89% y 38% anual, respectivamente. Es probable que entre abril y junio de 2009, tras la más profunda recesión desde la década del 30, la economía mundial haya tenido un pequeño saldo positivo debido al extraordinario auge de la economía chino-asiática.

En los últimos 12 meses, China volvió a fijar rígidamente su moneda a la divisa estadounidense. Las economías de los dos principales países capitalistas constituyen hoy una gigantesca área unificada del dólar. La cooperación entre China y EE. UU. revela una nueva división internacional del trabajo, cuyo eje estratégico es el sistema de producción transnacional: 44% de las empresas transnacionales (ETNs) son norteamericanas; y de las 50 principales, 60% son estadounidenses, sobre todo en el sector de alta tecnología. Se pasa ahora de la convergencia de China hacia la avanzada del sistema (EE. UU.) a una integración de tipo horizontal. Se asciende de la globalización a la posglobalización. Frente al eje China/EE.UU., por el que se canaliza la corriente central de la acumulación capitalista -comercio, inversión, flujo de capitales-, ahora y en los próximos 20/30 años la alternativa del resto del mundo es, por un lado, intentar competir con alguno de los polos de la época (hacerlo con los dos, en su unidad, es impensable, un no-concepto). Por el otro, en cambio, procurar una brecha -un nicho de especialización-, que otorgue relevancia internacional.

"La cuestión es ser número 1 en algo", dice Peter Drucker. La crisis global es una crisis de gobernabilidad. Es el eslabón débil de la acumulación capitalista en la fase de globalización. Vía su eje central -EE.UU./China-, el capitalismo se recrea como sistema de poder mundial. Su historia es un continuo de crisis periódicas, cada 10, 20 o 60 años; y a través de ellas, el sistema se reinventa y al mismo tiempo extiende su dominio.

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