El estado patrimonial de Mendoza da pena

El estado patrimonial de Mendoza da pena

Uno de los edificios más importantes de Mendoza, el Correo Central, luce el espanto y el olvido, a causa de desidias varias de funcionarios, empresarios, políticos y dudosos artistas callejeros. Los casos del Museo Fader y la Mansión Stoppel. Los mendocinos no hacemos nada por nuestra herencia.

Juan Domingo Perón hizo construir, en 1950, el estupendo edificio de seis pisos del Correo Central de Mendoza. En su momento, al ser inaugurado, sentó precedente en la provincia no sólo de belleza, sino de vanguardia, de modernidad. Ahora, luce como una pared de fábrica abandonada, gracias a la irresponsabilidad, la pereza, los dudosos criterios artísticos (que une en el espanto, insólitamente, de igual modo a empresarios privados y a artistas callejeros). Vamos a los hechos.

La construcción, de hormigón y vidrio, con delicados mármoles en su fachada, asume una superficie de 16.000 m2. Dicen los que saben que se destacan sus líneas racionalistas y su carácter monumental. En su interior, alberga, entre otros, dos murales de singular valor que se encuentran en gravísimo estado de conservación: uno, agoniza y el otro ha comenzado a morir. 

Dice la información oficial: “El conjunto pictórico fue realizado por Amadeo Dell'Acqua (1905-1987), artista que por entonces se desempeñaba como jefe de Propaganda del Correo Argentino. En el trabajo, contó con la colaboración de varios artistas que representan la historia de Mendoza, desde sus orígenes hasta la mitad del siglo XX”. El artista también concretó un bello mural -óleo sobre  madera- en el edificio del Correo Central de Buenos Aires. 

Al respecto del daño, uno de los artistas plásticos más renombrados y talentosos de Mendoza, Osvaldo Chiavazza publicó hace unas horas en Facebook: “Pasé por el Correo Central de la provincia de Mendoza. Había allí un gran fresco que ya se cayó gracias a la dejadez de realmente no sé quién, porque se filtró humedad hace casi 2 años de esto, pero ¡oh!, me encuentro que, por la otra entrada, a cien metros de este mural caído, ha comenzado a suceder lo mismo y ahora que se caiga el otro fresco y se vaya todo a la reputísima madre que lo reparió”.

Chiavazza, apasionado hasta la puteada por el patrimonio plástico de Mendoza, tiene razón: los murales -la técnica es el fresco- son un asco, pero esto no es todo: los mármoles de la fachada son otro asco, debido a pegatinas de propaganda política (el diputado nacional Nicolás del Caño, del Frente de Izquierda, tiene el patrimonio absoluto en el reparto de responsabilidad de estas chanchadas) y también han colaborado en las aberraciones artistas callejeros de grafitis e ignotos pertenecientes a organizaciones llamativamente vinculadas a la Pachamana y a los héroes de Malvinas, por dar dos ejemplos...

Y también a los responsables de la Universidad de Congreso, que cubrieron todo el espacio correspondiente a su edificio con un ploteo que, de tener que definirlo, bastaría con decir que es sencillamente una aberración arquitectónica sencillamente berreta. 

¡Mármoles bajo plástico adhesivo! Sin dudas, ni los saqueadores del Partenón (especialmente los ingleses) pensaron jamás en un falta de elegancia de tal magnitud. De más está decir que el edificio no pertenece a ese emprendimiento privado, sino que es alquilado al Correo Central.

Dime cómo tratas tu patrimonio y te diré qué entiendes por cultura, sería la sentencia. Y la verdad es que los mendocinos, habida cuenta del estado patrimonial de prácticamente toda Mendoza, somos unos brutos fenomenales, especialmente los involucrados: la empresa de envíos, la universidad privada, la agrupación política de izquierda, el Gobierno de Mendoza y las organizaciones sociales y callejeras que asquean el lugar.

Aquel daño que dejó el terremoto de 1861 tiene un sucedáneo igualmente devastador en el tiempo: nuestra falta de cultura por lo heredado. Demos un paseo por el Correo Central. 

Los murales

Regina “Pupi” Agüero es la directora de Patrimonio, del Ministerio de Cultura de Mendoza y comienza así: “Cuando asumí en Patrimonio vi el estado del mural del Correo y hablé con las autoridades de la entidad, porque nunca avisaron del deterioro. Me puse a trabajar y acordé con Nación, en primer término, parar el deterioro, para luego iniciar una restauración. La Dirección Nacional de Patrimonio mandó ingenieros y con otros profesionales de Mendoza se detuvo el deterioro ocasionado por un caño de calefacción”. 

Luego de esta acción, el entonces Secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, vino a Mendoza en setiembre de 2013 y entregó, en mano, al gobernador Francisco Pérez y la ministro de Cultura, Marizul Ibáñez,“una subvención” (según información oficial) para restaurar el mural del corre.

En realidad, lo que Coscia entregó fue una promesa, porque luego la Secretaría de Cultura de Nación se convirtió en Ministerio de Cultura de Nación (a cargo de Teresa Parodi) y, ante el cambio de autoridades, el convenio se cajoneó y la plata y los profesionales jamás llegaron a hacer su trabajo en la provincia.

“La verdad es que quedaron cortados los teléfonos y que no hemos recibido nada. Hemos intentado reactivar, pero lo cierto es que el año pasado debieron venir los restauradores de Nación y no vinieron”, confiesa Agüero.

- El mural más grande, el que se asienta en una pared que da al sur y se observa desde calle San Martín, parece como difícilmente recuperable, pues está muy deteriorado...

- En algún momento, de manera extraoficial, se consideró en rehacerlo totalmente.

- Ahora, el otro mural a la vista, el que se asienta en una pared oeste, también ha empezado a arruinarse...

- Nosotros, desde el Ministerio de Cultura, hemos contratado a Enrique Testasecca para restaurar distintas obras. El ya intervino en el hall de entrada de Casa de Gobierno y en numerosas obras no conservadas que están en el Fader. Ahora mismo, vamos a trasladarlo al Correo para que analice la situación.

El Fader y la mansión Stoppel

- La situación es que todo el patrimonio de Mendoza está en mal o en pésimo estado...

Lamentablemente, es así. El Fader, por ejemplo, jamás en todas estas décadas ha recibido obras de conservación. La casona sufrió un daño terrible, porque nunca se la mantuvo. Temblaba y se le ponía arpillera o durlock para tapar grietas. Se hizo en los '50 una remodelación, con ese frente imponente, hermoso, que ahora observamos, pero que tiene problemas en la base. Con el último terremoto en Chile, aparecieron grietas graves, en paredes donde están los murales más importantes de Fernando Fader. Hemos hablado con profesionales e universidades y se realizó un estudio de consolidación, pared por pared, durante dos años, a cargo de ingenieros de la UTN. Ahora que se terminó y está en manos del Ministerio de Infraestructura. Vamos a largar una licitación para Consolidar la estructura del edificio y tampoco será esta gestión la que inaugure una obra tan importante, pero la dejaremos muy avanzada.

- Y la mansión Stoppel, en la calle Emilio Civit, donde planean erigir el Espacio Carlos Alonso, ¿cómo está?

Está muy mal. Estamos en contacto permanente con el maestro. El está contento y entusiasmado con la idea y armó su fundación y firmaremos un convenio en la próximos dos meses, gracias al cual él prestará la obra para el espacio y los derechos seguirán perteneciendo a su familia. La casona Stoppel está muy dañada y tenemos muchas reuniones para analizar el tema. Hay que consolidar el edificio y sabemos que es sumamente difícil que en esta gestión pueda cortar la cinta de semejante obra, pero estamos haciendo una parte atrás, más adecuada para exposiciones y es altamente probable que, antes de fin de año, podamos inaugurar esa parte, con una muestra de Alonso.

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