¿Estado o mercado?

Por Mariano Grondona

En todo el mundo los Estados están interviniendo en los mercados. ¿Lo hacen para salvar al capitalismo o para abandonarlo? Cuando Obama intervino en el Citigroup, ¿intentaba rescatarlo o estatizarlo? La distinción es importante porque, si la intención de Obama y de otros gobernantes occidentales es salvar al City y a otras corporaciones en crisis, nos hallamos ante una nueva aplicación de la teoría keynesiana según la cual, cuando el capitalismo está en problemas, urge la intervención del Estado para rehabilitarlo. En caso contrario, lo que estarían haciendo Obama y los demás gobernantes occidentales sería avanzar en dirección del estatismo.

Esta supuesta "segunda intención", que no aparece por ninguna parte en el mundo desarrollado, se insinuó en cambio en la Argentina. Para tomar un caso, la confiscación de las AFJP fue una señal en dirección del estatismo porque no se intervino para salvar sino para despojar a los ahorristas privados.

Estas dudas ideológicas estaban en la mente de los ruralistas cuando ingresaban ayer en su segunda reunión con el Gobierno. Eduardo Buzzi recordó con cierta nostalgia la creación de las juntas de granos y de carnes en los años treinta pero esta creación no apuntó contra el campo sino en favor de él a partir de la fijación de los "precios sostén" que respaldaron a la iniciativa privada rural en otro momento de crisis como el actual. Las juntas, Obama y el propio Buzzi dejaron ver así una intención keynesiana: salvar al capitalismo, aunque fuera mediante la heterodoxia.

En tiempos de crisis, aumenta en todas partes la intervención del Estado en los mercados. Pero hay dos clases de intervención, una keynesiana y otra estatista. La intención de Obama, los gobiernos desarrollados y la Comisión de Enlace, es de la primera clase. ¿Es ésta, también, la intención de los Kirchner?

¿Cómo se resuelve en definitiva el dilema entre el Estado y el mercado? Aquí revolotean dos clases de fundamentalismo. El fundamentalismo liberal apuesta enfáticamente por el mercado mientras demoniza al Estado. El fundamentalismo estatista demoniza al mercado mientras canoniza al Estado. El mundo está virando hoy desde el liberalismo extremo de los años noventa hacia una postura más equilibrada. Pero el fabuloso desarrollo económico de nuestra civilización es la mezcla ponderada de dos factores concurrentes: de un lado, un Estado honesto y profesional; del otro, empresas privadas altamente competitivas como son, por ejemplo, las del campo argentino.

En la agotadora reunión de ayer con los ruralistas, ¿ha iniciado el Gobierno un giro profundo desde el anticapìtalismo y el antiruralismo que lo caracterizaban en busca de una postura equilibrada? Las modestas medidas que se firmaron ayer, ¿son el primer paso de un largo camino que al fin resultará positivo o representan apenas una pequeña isla en el océano de la desconfianza?

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