El Estado no se guía por lo que mide el Indec

Por Hernán de Goñi

Las matemáticas no tienen ideología, pero eso no les otorga inmunidad a los números. Ningún país está aislado de la tentación de manipular estadísticas, y en ese sentido la Argentina tiene frondosos antecedentes. El problema de los gobiernos que se embarcan en este camino es que, tarde o temprano, la consistencia de las cifras se evapora.

El caso del Indec moldeó un nuevo paradigma. El organismo elaboraba un índice de precios que no consideraba representativo, y lo cambió por otro que el resto de los analistas (y buena parte de los consumidores) tampoco consideran representativo. El Gobierno lo defiende técnicamente, pero casi nadie siente en el bolsillo que el IPC de abril haya crecido apenas 0,3%.

Como si fuese poco, ni siquiera decisiones que se toman en otras esferas del Poder Ejecutivo convalidan esta realidad. La mejora salarial para empleados públicos de 15% exhibe una generosidad que puede estar justificada por las elecciones, pero muestra poca prudencia en un año de recursos escasos. Lo real es que recompone un poder adquisitivo muy por encima del deterioro que reconoce el Indec, que midió en los últimos doce meses una inflación de 5,7%, y la proyecta en un dígito para todo el año. Algo no cierra.

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