El Estado debe subvencionar la oferta de trabajo

| Punto de vista I. Rodolfo Martín Campero - Ex interventor de la Anses.
El abordaje de la pobreza sólo mediante paliativos, como los planes sociales, está errado porque parte de una concepción errada del concepto. La pobreza es una enfermedad social de la economía. Por ello, los planes son una solución parcial y temporaria al problema de fondo. En tanto no se aborde esta última cuestión con visión de estadista, cualquier otra medida no logrará traspasar el umbral de simple paliativo.

La cuestión de fondo radica en solucionar el problema del trabajo, de la inversión, de la producción y de la riqueza. Por el contrario, el asistencialismo será una herramienta que se volverá en contra de la sociedad, convertido en un vehículo de desaliento de la cultura del trabajo y el esfuerzo, transformándose en gasto estéril, en ocio improductivo y generador de un inhumano clientelismo político.

Hay un viejo dicho de la política económica desarrollista que dice que, ante la carencia transitoria de oferta laboral, lo que el Estado debe subvencionar es la oferta de trabajo, no del ocio; y debe abocarse de lleno a la inversión en infraestructura. Existe un desaliento permanente a la cultura del esfuerzo.

Las políticas de desempleo -necesarias, por cierto- deben ser útiles para la contención de la emergencia social y laboral; nunca interpretarse como políticas sociales de fondo. Y mucho menos partidarias, como ocurre. Para colmo no se erogan con ingresos legítimos del Estado sino con reservas de la Anses, que son dineros comprometidos a futuro, lo que es muy grave y de consecuencias imprevisibles.

En los últimos 35 años, el norte argentino sólo recibió dos grandes inversiones: Yaciretá y la minería en Catamarca. Con un ritmo tan pobre de inversión, no es de esperar otro resultado que no fuese el de marginalidad social creciente.

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