El mal estado del camino resiente la actividad en una escuela rural

Para llegar hasta el paraje El Siglo, donde funciona la escuela provincia Nº 30, hay que recorrer 15 kilómetros por un camino lleno de pozos que cuando llueve se tapan y la combi no puede transitar.
La Escuela Rural Nº 30 "Niñas de Ayohuma" es una de las más distantes del partido de General Pueyrredon. Para llegar a la misma hay que transitar alrededor de 17 kilómetros que son los que la separan del paraje "La Polola", ubicado a la altura del kilómetro 26 de la ruta provincial 88.

Se trata de un camino vecinal que, salvo los primeros 2 mil metros -en los que desde hace algunos días Vialidad Municipal está reparando- se encuentra en pésimo estado de conservación, lo que dificulta la llegada de los alumnos y de las autoridades, docentes y personal auxiliar del establecimiento.

Entre la matrícula de escolaridad primaria y de jardín de infantes, todos chicos de humilde condición, actualmente concurren a la escuela unos 40 que además desayunan y almuerzan. Se movilizan en una combi que suministra el Consejo Escolar que debe transitar por un camino de tierra y que también se ocupa de ir a buscar y llevar a regreso a los niños que viven en inmediaciones de La Copelina y de la Laguna La Brava.

El establecimiento no tiene teléfono de línea y la comunicación todavía se complica más porque tampoco hay señal para los celulares a nivel del piso: la única manera de comunicarse es trepar por el molino de viento para intentar hablar desde allá arriba, tarea que se le encarga a la portera de la escuela.

Un rasgo distintivo es el carácter migratorio de los padres de los alumnos, ya que la mayoría trabaja en quintas y/o estancias de la zona; esto hace que la matrícula sea "golondrina" y se modifique varias veces a lo largo del año. En estos momentos hay 27 chicos que cursan sus estudios primarios -en grados agrupados- mientras que otros 14, más pequeños, asisten a una salita integrada multiedad.

Reclamos que se acumulan

En diálogo con LA CAPITAL, la directora de la primaria, María Cristina Ferreyros, sostuvo que "nosotros decimos que sin camino no hay escuela; y que sin ésta tampoco se puede pensar en inclusión o en un posible cambio social".

Añadió: "cuando llueve, teniendo en cuenta que el agua tapa los pozos, no se puede transitar; así como la combi que transporta a los chicos se quedó más de una vez, los vehículos en que nos movilizamos los docentes también han sufrido roturas", se quejó.

Dijo luego que "hace mucho tiempo que venimos luchando con la problemática del camino; este año, a causa de su pésimo estado, se perdieron muchos días de clase; en 2007 se acordó que le iban a realizar un engranzado pero el tiempo transcurrió y no se hizo nada".

Posteriormente, tras señalar que "por las averiguaciones que hemos hecho daría la impresión de que sólo van a arreglar el tramo inicial" dijo que "por el resto, a pesar de las notas que enviamos a Vialidad Municipal y Provincial, no obtuvimos respuesta; la salida que una vez nos plantearon, que consistía en transformarlo en un camino rural, fue enfáticamente rechazada por los vecinos que no se resignan a perder un pavimento que, para que esté en condiciones, requeriría que, al menos, se lo mantenga dos veces al año".

Otra de las preocupaciones de las docentes está dada por la presencia de las víboras yarará que suelen aparecer a esta altura del año; en este sentido cabe señalar que, a efectos de que los chicos puedan estar cubiertos de eventuales mordeduras, la escuela, a raíz de la donación de una empresa, dispone de suero antiofídico.

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