Estadísticas y democracia

Por Mariano Grondona

Según una frase de Jorge Luis Borges, "la democracia es un lamentable abuso de las estadísticas". Si dejamos de lado la punzante ironía que esta frase contiene como una supuesta objeción a la democracia que en verdad no reflejaba una definitiva descalificación de ella por parte de nuestro máximo escritor, también es verdad que la agitada campaña electoral que culmina el próximo domingo está ofreciendo algunos ejemplos desconcertantes de la relación entre las matemáticas y la democracia.

Tomemos el primero de estos ejemplos: el hecho de que el peronismo incrementa sustancialmente sus votos cada vez que se divide. El caudal electoral peronista ha rondado habitualmente en torno del cuarenta por ciento. Pero en 1973, cuando Perón volvía, llegó a los dos tercios de los sufragios en competencia con su antiguo rival y reciente amigo, Ricardo Balbín. Además en 2003, cuando el peronimo se dividió entre las candidaturas presidenciales de Menem, Rodríguez Saá y Kirchner, sus listas sumadas alcanzaron otra vez los dos tercios del total. El próximo domingo, esta vez dividido entre dos listas principales a cuya cabeza figuran el ex presidente y Francisco de Narváez en la provincia de Buenos Aires así como entre el kirchnerismo y el "peronismo federal" en varias provincias del interior, es probable que, si sumamos a todos aquellos que reclaman la herencia de Perón, el peronismo roce de nuevo los dos tercios.

Perón, con su propia ironía, solía decir que no hay que confundirse porque, pese a que desde la azotea gritan y parecen estar peleándose como los gatos, lo que en realidad están haciendo los peronistas, al igual que los gatos, es multiplicarse. ¿Cómo explicar entonces que, cuando los peronistas se dividen, sean "más"? "Dividir", ¿equivale en su caso a "sumar"? ¿Cómo dar cuenta de este aparente agravio a las matemáticas?

Una segunda paradoja viene a sumarse a la primera. La oposición convocará el domingo a dos tercios de los votantes. Pero, como ella concurrirá dividida, Kirchner pretenderá haber disputado en igualdad de condiciones, pese a su modesto tercio, con cada uno de los tercios que dividen a la oposición. En este último caso, a la inversa de lo que sucede con el peronismo, la división de los opositores será "menos" y no "más".

La sabiduría política consiste, según Carl Schmitt, en la acertada elección del enemigo. ¿Ha sabido elegir esta vez la oposición a su principal enemigo? Si lo hubiera hecho, hoy sus dos tercios de los votos estarían por manifestarse con una contundente victoria sobre el kirchnerismo. Pero éste intentará una larga y accidentada retirada a partir del domingo, con graves perjucios para el país, gracias a que el Acuerdo Cívico y Social y el peronismo federal no se han unido. ¿Quiénes son entonces los que agraviaron a la democracia, las estadísticas o los protagonistas?

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