Estadística... ¿estás ahí?

Por: Guillermo Laborda

Una tenue luz de esperanza había ayer tras la difusión del 0,6% de la inflación de julio. Es que en Alimentos, paradójicamente el rubro en el que más cocina de datos se efectuaba, hubo un alza mayor y menos alejada de la realidad. Es allí donde se incorporan los datos más sensibles y donde más subestimaciones había desde la intervención de Guillermo Moreno. (La metodología puede ser más o menos la correcta, pero si la información que se ingresa es falsa, el resultado es falso.)

Basta repasar, entonces, las variaciones ayer para detectar si allí hay un mensaje encriptado acerca del rumbo que puede tomar el INDEC en el futuro. De enero a junio los alimentos reflejaban según el organismo un alza del 0,2% contra el 7% que mostraban mediciones privadas como las del Estudio Bein. Años luz de diferencia. En la comparación interanual, al INDEC el alza le daba un mágico 2% de aumento en los alimentos contra un 13,2% de esa consultora. Puntualmente ayer, la suba mostrada fue del 0,5% contra el 0,9%. Quizás no sea más que una ilusión adicional que luego se esfuma, pero lo cierto es que en la plaza financiera el dato no pasó inadvertido.

Puntualidad

Los más optimistas resaltaban el dato de que por primera vez en más de un año, el INDEC difundió la información puntualmente, a las 16, tal como se lo estipula en el calendario. También que tras las vejaciones observadas desde enero de 2007, por lo menos ayer no hubo mensajes contra el ministro de Economía desde el INDEC. Recuérdese a Martín Lousteau cuando prometía transparencia y desde el organismo le difundían una inflación de casi cero. Si ayer, por ejemplo, el dato informado hubiera sido del 0,5% o menor, podría haber sido desestabilizante y no sólo para los mercados.

En la plaza financiera, la Argentina es lo que denominan un «high Beta», es decir que si los emergentes suben en conjunto, el país lo hace el doble. Lo mismo a la inversa. Hasta agosto los emergentes pudieron obtener créditos con emisiones de deuda por casi u$s 50.000 millones. El JP Morgan estima que los emergentes podrían obtener flujos de fondos de u$s 144.000 millones en el año. La Argentina, un voyeur. La situación fiscal sigue siendo un interrogante, más con el festival de subsidios que sigue dominando tras las elecciones. Trascendió en ese sentido que en julio se mostraría un ahorro de sólo $ 1.000 millones, pero gracias a la contabilización de utilidades del Banco Central por $ 700 millones. Nadie pisa el freno. Así el año podría cerrar con un superávit primario de sólo $ 16.000 millones que también se obtendrían gracias a la contabilización de las ganancias de la ANSES por $ 3.000 millones. La actividad puede dar signos de vida, pero la inversión privada está cayendo a un ritmo del 20% interanual.

«Si la Argentina enviara algunas simples señales, la taparían de dólares». La frase es común a los principales banqueros de la plaza. Es lo que hubiera sucedido si ayer se hubiera informado un 0,8%. Quizás se esté aplicando la filosofía del «paso a paso». Por lo pronto, la semana que viene se anunciaría el canje de deuda de corto plazo en pesos. También Amado Boudou viajará a Brasilia el miércoles para firmar con su par Guido Mantega el canje o «swap» de monedas por el que ambos países se comprometen a otorgar el equivalente a u$s 1.800 millones en sus respectivas monedas a la contraparte que lo solicite. De más está decir quién tiene más chances de hacerlo.

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