Estaciones de servicio en peligro por baja rentabilidad

Olavarría no escapa al contexto general: aquí cerraron por lo menos tres estaciones de servicio y en el país, más de 1.000. Todo, en un escenario marcado por la baja rentabilidad y la preponderancia de las bocas de expendio de bandera por sobre las independientes.
¿Existe escena más desalentadora y representativa de una determinada realidad económica que la de una estación de servicio abandonada? Durante los últimos cinco años, en la Argentina cerraron sus puertas más de 1.000 bocas de expendio de combustible -algunos hablan de más de 3.000-, en un proceso que, de alguna manera, "sinceró" por sí mismo un escenario desregulado durante la década menemista.

En nuestra ciudad existen por lo menos tres playas -Brown y Colón, Coronel Suárez y Brown y Del Valle y Urquiza- que quedaron inactivas en ese lapso y un observador del sector admite que no el hecho no puede observarse sin su contexto general. De hecho, en los últimos días se supo que la espiral negativa que envuelve al segmento de las estaciones de servicio desde el 2004 apunta a alcanzar su status más crítico en este año.

Los principales actores del sector aseguran que, a raíz de la constante caída en los niveles de rentabilidad, antes de diciembre podría desaparecer el segmento de los puntos de venta independientes, conocidos en la jerga como "blancos".

En los 90, las naftas "blancas" irrumpieron en el país y elevaron el número de bocas de expendio, sobrepasando la proporción lógica entre playas y automóviles en circulación. Después, con el devenir del tiempo, el mismo mercado "se fue sincerando" hasta llegar a la actualidad, donde las petroleras actúan en forma directa "en un 60% de estaciones de todo el país", según detalló a este Diario el empresario Jorge Hernando, desde el emprendimiento del rubro en el paraje San Jacinto.

"Casi no quedan operadores independientes y a partir de ahí es una lucha por la supervivencia, como en cualquier otro comercio", advirtió el empresario. Claro que el expendio de combustibles tiene adimentos especiales: un contrato que liga y compromete al comerciante con un único proveedor, la imposibilidad de controlar los precios y la característica de ser un negocio de volúmenes (en este sentido igual al de los cigarrillos), donde se necesita vender en cantidad para que los balances cierren equilibradamente y se produzca la rentabilidad.

Bocas de expendio y puestos de trabajo

Ahora bien, ¿de qué se habla cuando se advierte sobre el peligro para este año? De las poco más de 500 plazas que sobrevivieron a un 2009 signado por la clausura de más de 220 estaciones de servicio de esa naturaleza. Precisamente el año pasado, la Asociación de Estaciones de Servicio Independientes (AESI) reveló la pérdida de 1.700 puntos de venta blancos en los últimos cinco años. Hay otro dato oscuro: de 2005 a esta parte el sector en su totalidad sufrió la pérdida de más de 50.000 puestos de trabajo.

Manuel García, titular de la AESI, es quien, dados estos antecedentes, inició el año pronosticando la extinción de aquellas estaciones de servicio que operan por fuera de las redes pertenecientes a las petroleras.

Al momento de evaluar los factores que mejor explican el pasado tormento y este sombrío presente que exhiben los surtidores, el dirigente no dudó en señalar a un culpable: Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior. "Moreno es el verdugo. Nos prometió que iba a embanderar a las estaciones blancas, que iba a asegurar el abastecimiento pleno y mejorar los precios, y no cumplió con nada de eso", dijo.

Y disparó: "En lo que sí cumplió es en que, como nos dijo, para lograr rentabilidad había que concretar el cierre de 1.500 estaciones. Lo logró con creces: en todo el sector se cerraron 3.200 de 2004 para acá, con 50.000 trabajos que se perdieron en el mismo período".

La postura de García encontró eco en el presidente de la Confederación de Entidades de Hidrocarburos de la República Argentina (Cecha), Raúl Castellano, quien remarcó que "la falta de políticas que traten la rentabilidad hace que las estaciones de servicio independientes ya no sean viables en el mediano plazo".

"La estación blanca enfrenta obstáculos como la imposibilidad de asegurarse el aprovisionamiento y, en paralelo, el hecho de tener que pagar sobreprecios al no contar con el combustible que las petroleras le entregan a sus redes por contrato. Eso obliga a los independientes a colocar sus productos finales hasta un 15% por encima de los valores que ostentan las marcas", explicó.

El dirigente exigió la instauración de "algún mecanismo o resolución que obligue a las petroleras a aprovisionar también a las blancas".

"Ese sector sufre la falta de definiciones como viene pasando con las estaciones en general. A partir de febrero volveremos a discutir para tratar de modificar los márgenes de rentabilidad vigentes hoy. En su momento, sólo YPF adhirió a nuestras propuestas. Petrobras y Shell nunca cedieron nada a ninguno de los pedidos ", sostuvo.

No se necesita ser demasiado observador para advertir las diferencias: las estaciones de servicio que trabajan bajo el logo de una petrolera suelen exhibir largas colas de automóviles que aguardan para llegar al surtidor y que hasta dificultan el tránsito normal en sus alrededores. Difícilmente ocurra lo mismo con las expendedoras independientes. Y más: en la ciudad de Buenos Aires ya existe una movida -lógica desde los números- por la cual resultan más rendidores los ladrillos y se cierran estaciones de servicio para construir torres de departamentos. Es que la presencia de las petroleras en forma directa en los surtidores ha ido modificando un mercado en el que, además, el expendio de combustible dejó de ser rentable.

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