Estaba escrito: se gastan los fondos de la ANSeS

Por Manuel A Solanet

Ingeniero

El dinero fluye sin que haya preocupación por garantizar su devolución para así poder dar una respuesta en el futuro a quienes lo ahorraron para asegurar su jubilación

La confiscación de los fondos administrados por las AFJP atravesó las dos cámaras del Congreso Nacional sin mayores dificultades. A pesar de configurarse una violación al derecho de propiedad y de un retorno a la segura bancarrota de un sistema de reparto, el trámite legislativo no ofreció la resistencia para el logro de mayorías que en su momento tuvo por ejemplo la convalidación de la famosa Resolución 125. Muchos legisladores del peronismo que en aquella oportunidad habían votado contra el intento kirchnerista, ahora lo hicieron a favor. Lo mismo ocurrió con una parte de la oposición, que en esta oportunidad votó dividida. El bloque de Solidaridad e Integración (SI), ex ARI, así como otros legisladores opositores desde la izquierda, apoyaron con su voto en el Congreso la estatización del sistema de capitalización. Su adhesión ideológica no midió consecuencias y superó cualquier prurito sobre el correcto manejo y control futuro de los fondos confiscados. Se conformaron con el compromiso formal de la constitución de una comisión de seguimiento integrada por diputados y senadores.

Otra parte significativa de la oposición que comprendió a la Coalición Cívica, los socialistas, radicales, varios peronistas disidentes y otros, votaron en general en contra, pero dejando claro que estaban doctrinariamente a favor de que el sistema de jubilaciones sea íntegramente estatal y de reparto. Su voto negativo se fundamentó sólo en el temor por el mal manejo y la malversación de los fondos, una razón coyuntural y no de fondo. Por cierto estas manifestaciones contradictorias debilitaron la fundamentación de un rechazo a este cambio y facilitaron al kirchnerismo lograr la sanción de la ley y el refuerzo de su alicaída caja, que es lo que buscaba. Debemos reconocer que tampoco hubo una resistencia pública importante por quienes serán los verdaderos perjudicados. Fueron muchos años de mala prensa contra las AFJP y existía la creencia de que se pagaban comisiones excesivas, sin que esta suposición hubiera sido suficientemente aclarada por las administradoras.

Siendo el refuerzo de la caja el verdadero propósito del Gobierno, era de esperar que intentaría contar luego con flexibilidad para aplicar los fondos en las urgencias fiscales. De los jubilados alguien se ocuparía en el futuro. La política obligaba a resolver el presente. El futuro sería el problema de otros. Una irresponsabilidad total que se correspondió con ninguna voluntad para constituir la comisión de seguimiento. Y así fue.

Hoy sabemos que la Anses colocó pesos en los bancos al 11% anual cuando las AFJP los tenían al 22%. Se facilitó dinero barato sin pensar en los futuros jubilados pero sí en financiar con ese fondeo heladeras y autos cero kilómetro. También sabemos que la Anses ha suscripto letras y títulos del gobierno a tasas a las que obviamente nadie suscribe títulos públicos argentinos. No hay suficiente claridad sobre la compra de bonos garantizados del tramo externo para reforzar la respuesta al canje ofrecido por el gobierno nacional. Tampoco hay suficiente información sobre las líneas de crédito a pymes y otros destinos. El dinero fluye sin que haya preocupación por preservar su valor real ni tampoco garantizar su devolución para así poder dar una respuesta en el futuro a quienes lo ahorraron para asegurar su jubilación.

Algunos legisladores que votaron a favor de la confiscación hoy protestan por el uso de los fondos y denuncian la falta de control. ¿Acaso no era previsible que esto sucediera? ¿No se percataron que el problema era la caja? Seguramente creyeron o quisieron creer en los argumentos pomposos y en los supuestos ideales estatistas envueltos con la bandera de lo nacional y popular. Hoy claman por corregir lo incorregible. Probablemente en algún futuro deberán aceptar que lo destruido tenga que ser reconstruido, pero con casi dos décadas de ahorros evaporados y con el sufrimiento de los que en su edad pasiva dependerán de un estado abrumado por otras necesidades y un gasto que lo excede.

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