Lo que está hoy en juego.

Por: Ricardo Kirschbaum.

El oficialismo necesita ganar la provincia de Buenos Aires. Esa convicción desesperada parte de la casi certeza de que su performance electoral en los más importantes distritos del país será mala. Y que sólo un triunfo allí le dará fortaleza para atravesar el desfiladero político que se abre a partir de los resultados de hoy.

Lo que está en juego en la formalidad es la renovación de diputados y de senadores. En ambos casos, el oficialismo perderá bancas. En la Cámara baja será la mayor sangría, aunque conservará la primera minoría; en el Senado cederá el quórum propio.

El discurso oficial hizo centro en que el proyecto de gobierno no podría seguir adelante si no cuenta con gran apoyo legislativo. Si lo quiere conseguir, después de esta elección, deberá negociar, un verbo político que Kirchner no sabe conjugar. Si se enfrenta a esta realidad, puede utilizar decretos de necesidad y urgencia, con la abundancia del primer período de gobierno. Es cierto que Cristina ha puesto freno a esa conducta, pero si la necesidad llama a la puerta es probable que se eche a mano al recurso.

Lo importante, sin embargo, es que el oficialismo se enfrenta con fuerzas distintas que no consiguen emerger todavía como verdaderos desafíos. Si hay dramatismo por el resultado, no es por la envergadura de los contrincantes sino por los errores en cadena que el kirchnerismo ha cometido hasta aquí.

Por eso, el énfasis en la Provincia tiene que ver con la supervivencia política de un proyecto y cómo se influye para que el 2011 sea un escenario menos espinoso que el que se presenta para los actuales ocupantes de la Casa Rosada. También, para quienes quieren sucederlo, como Daniel Scioli. El gobernador ha puesto el pecho para tratar de sacar la sortija presidencial. Sabe que la derrota es una guillotina para ese sueño.

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