Lo que está en juego es la autonomía de las instituciones

Por Hernán de Goñi

Amado Boudou defendió en el Senado la potestad de cancelar deuda con reservas con cierta delicadeza. Su argumento central es que es una forma de dar certidumbre sobre la capacidad de pago del país.

Miguel Angel Pichetto, jefe del bloque oficialista de senadores, fue mucho más crudo. "Durante 10 años nos hicieron creer que el BCRA era intocable y que no tenía vinculación con el gobierno de turno. Es un absurdo porque la idea de que el BCRA era un altar sagrado no existe más".

En el programa monetario que presentó ayer, el Banco Central también fijó posición a su manera. Resaltó que la flotación administrada, una de sus principales recetas para capear la crisis financiera, funcionó porque el nivel de reservas acumulado transmitía la confianza necesaria en el sostenimiento del peso. No fue su único mensaje: también respaldó la salida al mercado voluntario de deuda y la necesidad de contar con una política antiinflacionaria contundente.

En esta pulseada la oposición no tuvo fuerza para rechazar el decreto en el Senado. Pero la Corte se sumó como nuevo actor. Lo que se juega en ella es si las dos instituciones que más incidencia pueden tener en la política oficial (el máximo tribunal y el BCRA) podrán mantener su actual margen de acción.

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