Está duro el asfalto

En sólo una semana, el gobierno municipal pasó de la dicha al apuro por resolver una situación de la cual es único responsable. Es que esa enfermiza costumbre de ignorar a la ciudadanía en cuestiones tan elementales como la que ahora los ocupa y preocupa, esta vez le está costando mucho más de lo presumido resolver, en principio puertas adentro, y está duro el asfalto.
Queda la sensación como que ganar elecciones ha sido tomado como un crédito abierto a satisfacción de su gobierno, sin tener en cuenta que a lo sumo fue un voto más de confianza por la gestión de casi catorce años de un partido vecinalista, y no la libertad de disponer a su juicio qué hacer con la economía de los vecinos. Como se pretendió por ejemplo con la creación de una tasa de salud.

En este caso al "nosotros hacemos" que rezaba la publicidad kirchnerista, el vecinalismo le agregó "y los vecinos pagan", pero nunca lo hizo saber de manera fehaciente qué era lo que iban a pagar y cuánto. Absolutamente nada por los caminos correctos.

Es verdad que este tipo de obras a su turno la han pagado todos y cada uno de los tresarroyenses, es cíclico, alguna vez le toca a alguien y así sigue la rueda. A todos interesa circular por calles transitables, si no se pone el grito en el cielo, y para eso cada uno a su turno aporta lo que le corresponde. Es cierto que esta vez la plata viene de regalo cuando no había posibilidad de crédito alguno, pero por una cuestión de equidad algo se debe recuperar, tampoco lo que se pretende y de la manera intentada.

No es menos cierto que mientras tanto hay un solo responsable de cuidar los asfaltos, que es el municipio, y que lo ignoró por completo, permitiendo la aceleración del deterioro, porque no existe ni existió un control del tránsito pesado y tampoco un programa de mantenimiento de calles, menos todavía resolver las constantes pérdidas de la red de agua que obligan a ir destruyendo cualquier tipo de pavimento, con lo que hoy muchas calles no tendrían la necesidad de ser reasfaltadas.

En plena campaña electoral, casi cuando estaba a punto de votarse, las máquinas ganaron las calles, y no cualquiera, sino de importante circulación y contrariamente a lo que se podía suponer, las que menos apuro tenían en ser pavimentadas por su estado. Los vecinos se sintieron avasallados, pero se dieron cuenta tarde que eso había sucedido. Porque primero habrán pensado que a caballo regalado... Era absolutamente previsible que se iba a cobrar, y hasta lógico si se quiere, pero nada se había dicho al respecto. Obvio, había elecciones. Pasaron las elecciones, los votos no tenían vuelta y llegó el anuncio: se cobra, y hasta le pusieron precio, formas de pago, de descuentos y todo lo demás. Eso sí, de cómo iba a ser la obra hasta ahora nada. Fue entonces cuando aquellos que tenían la calle pelada reaccionaron.

Como normalmente sucede, acudieron al Concejo Deliberante, que por su ganado desprestigio se convirtió en el lugar representativo de la comunidad más vulnerable para las protestas, casi siempre por temas que llegan desde el Departamento Ejecutivo, donde los vecinos en este caso nunca fueron escuchados.

Y primero desde el Ejecutivo como que se los ignoró, se minimizó la protesta porque se dijo que eran pocos en relación a la cantidad que involucran trescientas cuadras. No obstante luego llegó la reacción, y salir a tratar de revertir la situación adversa, fundamentalmente porque los concejales vecinalistas fueron quienes una vez más tuvieron que poner la cabeza por negligencia ajena, entonces trasladaron los reclamos y empezaron a exigir lo que debió ser el punto de partida, y ahí andan tratando de ponerse de acuerdo entre vecinalistas, algo que cuesta aunque se trate de disfrazar la realidad. Es que los concejales oficialistas no están dispuestos a pagar el costo político de votar algo hecho a voluntad del Ejecutivo, sino algo que ellos consideren viable.

A todo esto, la Secretaría de Obras Públicas ha sido y es la gran ausente, permanece ajena -al igual que en tantas otras cuestiones-, porque se supone que allí está toda la información técnica respecto a la obra y sobre la cual los vecinos afectados a la misma tienen derecho a conocer, porque con razón se preguntan sobre la calidad y tipo de pavimento a construir, a la vez que reclaman un control eficiente, porque presumen que no será así y razones tienen para dudar.

El ejemplo más inmediato es el pavimento de las cuatro avenidas, el que con pocos años ya muestra fisuras interesantes y a los frentistas no les costó poco ni mucho menos.

Ahora el vecinalismo tiene que salir del laberinto en que se internó, y ahí andan Ejecutivo y concejales tratando de buscar puntos en común para salir a convencer a los vecinos, y para ello deberán conformar una propuesta equilibrada, entre un recupero razonable de fondos que permitan continuar la obra pública financiada y la posibilidad de los vecinos de afrontar el pago, previo explicar detalladamente de qué se trata la obra en sus distintas partes, ya que no todo es lo mismo para las trescientas cuadras.

En medio también anda la oposición, a quien nuevamente el vecinalismo le sirvió en bandeja la posibilidad de hacer ver que están, y obviamente lo hacen, pero con más demagogia que sentido común, y hasta practican de ediles en esa misma dirección algunos de los que asumen recién en diciembre.

A páginas siguientes, las opiniones de algunos concejales dicen mucho de lo que son.

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