"Con esta ley no se alcanza el paraíso mediático"

"Con esta ley no se alcanza el paraíso mediático"
El senador socialista votó a favor del proyecto kirchnerista a pesar de ser un referente de la oposición. Admite que la ley puede ser modificada luego del 10 de diciembre pero reclama que eso se haga "con el máximo consenso"
El senador socialista Rubén Giustiniani afirmó que con la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual no "se alcanza el paraíso mediático", pero que tampoco "se termina la libertad de prensa". Evitó definir si respaldaría una modificación de la ley después del 10 de diciembre, pero advirtió que "no se trata de que mayorías parlamentarias circunstanciales estén modificando todo tras cada recambio" legislativo.

–¿Cuáles son los motivos del apoyo en general del socialismo a la Ley de Medios?

–Nuestra posición histórica fue reemplazar una ley que es una combinación de un bando militar y neoliberalismo, con artículos y modificaciones logradas por presión de los grupos mediáticos a distintos gobiernos. Queremos una ley que refleje a la información como uno de los principales derechos humanos y presente a la comunicación como uno de los aspectos más importantes de la democracia del siglo XXI.

–Algunas críticas apuntan a que el plazo de desinversión que la ley da a las empresas abre las puertas a juicios. ¿Cuál es su opinión?

–Es todo un debate. Nosotros abrimos el interrogante sobre cuál es el derecho adquirido surgido por un decreto de necesidad y urgencia, como el 527. Así, graciosamente se suspendió, en 2005, por diez años el plazo de vigencia de la caducidad de las concesiones, cuando se terminaban los quince y tenían diez más como posibilidad. Pero, en cambio, les dieron diez años más otros diez. Esto indica que todo tiene un grado de interpretación.

–¿Hay posibilidades de que, después del 10 de diciembre, se revise la ley?

–Una ley de semejante impacto e importancia debe estar en permanente movimiento, debe ajustarse permanente a las necesidades tecnológicas de la información. Sería bueno que todo ese proceso de readecuación se dé siempre sobre la base de más democracia, más participación. Debemos aspirar a que esto sea una política de Estado, para que cualquier modificación, se haga con el máximo consenso que le dé permanencia en el tiempo. No se trata de que mayorías parlamentarias circunstanciales estén modificando todo tras cada recambio.

–¿Se debe entender que, si el resto de la oposición insiste con revisar la norma, lo pueden encontrar del otro lado, enfrentado a la oposición?

–Tenemos que evitar hablar de las dos veredas. Este es un tema muy importante, para analizarlo con toda la seriedad, profundidad y responsabilidad.

–Por un lado se dice que la ley fue planteada para que el Gobierno tenga medios afines y, por otro, se sostiene que apunta a la desmonopolización y a la existencia de más voces en el espectro ¿Qué escenario mediático imagina?

–Acompañamos en general porque se abren aspectos que los socialistas siempre planteamos. Por ejemplo: el ingreso de las cooperativas. Era una negación sin razón lógica. Cooperativas que prestan servicios con mucha eficiencia y aportan a la solidaridad de la comunidad, con luz, con agua, lo van hacer al tener medios de comunicación. Igual con la inclusión de los pueblos originarios y las universidades. No creemos en las exageraciones que se plantean sobre que se termina la libertad de prensa, ni que llega el paraíso mediático.

–¿Con respecto al otorgamiento de licencias, cuál es su posición?

–Somos críticos del artículo 14, de la autoridad de aplicación, y del 32. Hubiera sido mejor que la autoridad de aplicación esté en cabeza del Congreso y no del Ejecutivo. También, que la ley requiera una mayoría especial parlamentaria para la designación de sus miembros, implicaría una mayor independencia del poder de turno. La antojadiza discrecionalidad que otorga el artículo 32, para que en una ciudad mayor de 500.000 habitantes y con un radio de alcance mayor de 30 kilómetros, las licencias las adjudique el Ejecutivo en vez de la autoridad de aplicación, no nos gusta.

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