Espía o topo, la cultura ilegal

Por: Ricardo Kirschbaum.

La oposición cree estar detrás de una red de espionaje que se estaba montando para la futura policía Metropolitana y que operaba desde dependencias de la administración local.

El Gobierno de Macri, en cambio, asegura que Ciro Gerardo James, el policía y abogado detenido por pinchaduras telefónicas ilegales, fue "plantado" por la Federal para hacer inteligencia.

Los intereses políticos contrapuestos que están en juego le ponen altavoz a una u otra posición.

James es un policía federal y abogado que está contratado por el Ministerio de Educación porteño.

Se aduce que llegó hasta allí de la mano de nadie: mandó su curriculum y fue tomado como auditor. Esa versión rosa choca con otros datos contundentes. El juez que investiga las pinchaduras al teléfono de Sergio Burstein, de los familiares de la AMIA y activo opositor al nombramiento del comisario Jorge Palacios como jefe de la Metropolitana, tiene probado que hubo muchas comunicaciones entre James y el comisario.

Montenegro, ministro de Seguridad de la Ciudad, dijo ayer dos cosas sobre el caso: que James era un "topo" de la Federal y que no iba a renunciar por este caso que ha ido creciendo.

Parecen sinceros los voceros de Macri cuando cuentan que se sorprenden por las revelaciones que publica la prensa sobre las andanzas del funcionario que operaba desde Educación. Esa sinceridad suena sólo como una coartada para apagar la gravedad de lo que todo esto significa, pero no pueden justificarlo.

En un país en el que las escuchas telefónicas son asumidas como algo natural, la hipocresía debe terminar. La obscena difusión de un video anónimo por el canal oficial, también forma parte de esa cultura ilegal que debe ser sancionada y erradicada como práctica política.

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