"Espero que el 8 de julio levantemos la Copa"

Bianchi entró en el vestuario y les planteó el desafío a los jugadores. ¡Y hasta les dio la fecha de la final de la Libertadores! ¿Refuerzos?: "Boca ya se reforzó con las recuperaciones de Palermo y Palacio".
Por algo fue el regalo de Reyes, le atribuyen facultades mágicas, hablan de sus superpoderes milagrosos y en La Boca es una suerte de Dios. En el primer día de Boca en el 2009, en su primera conferencia del año como manager en Casa Amarilla (la otra fue en la Bombonera), apeló a ese ojo que ve lo que otros no y a ese plantel campeón sin caras nuevas lo presentó como el Boca reforzado que irá por más gloria. "Arrancamos con las mejores expectativas. Boca ya se reforzó con los jugadores que vienen de sus lesiones. Ya recuperó a Palermo, a Paletta, veremos un Palacio mucho más acorde a lo que es Palacio que el que vimos en los últimos seis meses. Entonces eso hace que, sin haber traído a nadie, Boca se esté reforzando. Y, con respecto a las aspiraciones, sabemos que Boca tiene que decir presente en todas las competiciones que juegue. Estamos en condiciones de hacerlo", explicó ante la consulta de Olé. Dotes mágicos, superpoderes o, sencillamente, un especialista en el arte de mostrar lo que quiere que se vea. Y lo que tampoco se vio, pero que sí se supo, fue su mensaje más importante, el que les dio a los jugadores en la intimidad: "Espero que podamos levantar la Copa el 8 de julio". Sí, les planteó el desafío con la fecha en la que se jugará la segunda final de la Libertadores. Volvió Carlos Bianchi. El mejor refuerzo de este Boca 2009.

Tan fuerte es su sola presencia que en el vestuario, en la introducción formal del presidente Jorge Ameal ante el grupo, no voló una Mouche. Pablito, el otro muuush, por las dudas tampoco pestañeó. Y allí, en la más absoluta intimidad, quedó aclarado el reparto de tareas: Ischia en la cancha con cortos y silbato y Bianchi en las oficinas de fútbol con saco y camisa. Así funcionaron en el primer día de trabajo en sociedad. Tan a rajatabla que el Pelado mayor, si bien fue y vino de su oficina al vestuario cuantas veces lo necesitó, al menos ayer no pisó el verde césped. De todos modos, claro, no faltaron los reencuentros con sus viejos muchachos hoy devenidos en referentes, como Palermo, Ibarra, Battaglia y Riquelme, y con los más chicos que ya empezó a conocer. Y también el estreno de algunas nuevas reglitas para mantener a distancia a la prensa.

Pero la vida del manager también tiene sus sinsabores. Y uno de ellos, por caso, fue decirle a Mauricio Caranta que no se entrenaría con el plantel (ver pág. 15). O, por ejemplo, tener que admitir el primer desencanto en sus tareas dirigenciales con el préstamo de Juan Krupoviesa a Independiente: "Lo de Juan es bastante claro. Yo hablé con Julio Comparada y llegamos a un acuerdo en el contrato y en el valor del préstamo (NdeR: 150.000 dólares). Pero cuando tuvimos que llevar a cabo ese acuerdo, Independiente tomó la decisión de esperar por la simple razón que venía de contratar a Tuzzio y estaba a la espera de Ré. ¿Si me cayó mal? Independiente tomó una decisión y hay que respetarla, porque todavía no se había firmado nada por más que ya existía un acuerdo entre las partes", explicó el manager, que si bien no viajó con el equipo a Tandil para resolver altas y bajas en Buenos Aires, en el hotel de Boca tiene una habitación reservada.

Además, con el plantel reforzado con los regresos de los lesionados, Bianchi remarcó que a Boca sólo llegaron pedidos por dos jugadores (Jesús Dátolo y Ricardo Noir) y que, más allá de lo del arquero, sólo traerán jugadores en el caso de que se vaya alguno. "Carlos debe estar muy contento con el plantel que tiene porque no me pidió ningún jugador. Y si no se va nadie, no creo que venga nadie a Boca en estos momentos", insistió el manager, muy tranquilo, sin excesos de esa ironía que ulcera el estómago de sus detractores. Claro que hubo algunas bromas para un camarógrafo que bufó porque la conferencia se estiraba con una y otra pregunta después del clásico "última pregunta". "¿Ya te querés ir?", le tiró con una sonrisa. Luego se le transfiguró la cara, con los ojos a lo dos de oro, cuando un movilero le preguntó qué plazo manejaba para definir lo de Abbondanzieri así "controlamos nuestra ansiedad (¿?)". "¿Esto te va a comer la ansiedad?", volvió a reírse el Virrey. Y la munición más gruesa de ironía, aunque sin la seriedad y el enojo que habría mostrado en otras épocas, la reservó para un periodista del Corriere dello Sport que le nombró la palabra prohibida: Roma. Aquí la reproducción:

-Si pudiera volver atrás, ¿haría algo diferente en su experiencia como DT de la Roma?

-¿Cómo va la Roma?

-Ahora más o menos...

-Conmigo iba séptima cuando me echaron. ¿Va séptima ahora?

-No.

-No, va peor, y gastaron 600 millones de euros. Yo gasté una cifra enorme: 1.500.000 de dólares en Candela, que jugó siete años en la primera de la Roma, y fue campeón del mundo.

-Fue un problema económico, entonces...

-Ya está, ja, ja... Las cosas no anduvieron bien. No nos vamos a hacer problema a esta altura del partido. Yo creía que lo habían dejado en el pasado. Pero a mí siempre me lo recuerdan... A los demás entrenadores no se lo recuerdan.

Volvieron. Bianchi y Boca. A esta altura, más o menos lo mismo.

Comentá la nota