Esperando el milagro

Lanús cumplió y les metió presión a Boca, Tigre y San Lorenzo. Ganó con destellos del fútbol más lindo que se vio en el campeonato y reza por una catástrofe de sus rivales. Si no está mejor es por su propia irregularidad...
Si se dieran puntos por jugar a la pelota, Lanús ya sería el campeón.

Pero acá se juega al fútbol y el campeón es coronado con otros métodos, más pragmáticos, y por ello el cierre del Apertura será emotivo, eléctrico hasta el final, con un ganador que será el mejor, claro, pero quedará margen para preguntarse si fue el que más belleza ha acumulado.

Sí, en el fútbol también pasa: eficacia mata galán.

Y por eso Lanús depende de un milagro para llegar (otra vez) el sueño de un pueblo que igual se ilusiona con que "los de arriba son bosteros..." y, creen, que los pueden alcanzar. Pero la tienen dífícil.

Visto sin pasiones, da ganas de que a Lanús le vaya bien. Juega de a ratos, pero qué lindo lo hace. Y ayer, por caso, mostró gestos de equipo que está madurando: los de arriba se sintonizaron un par de veces, las necesarias, y abajo, sobre todo los centrales, sacaron todo. Y hasta se prendió el cuestionado Bossio. Dio gusto ver el timing de Hoyos para llegar siempre antes que los rivales (la antítesis de Ponce, que perdió todos los bondis). Como lindos fueron los primeros diez minutos del Toto Salvio, dueño de un raro talento, porque no tiene pinta de habilidoso, pero andá a sacársela... O lindo es ya ver sólo correr a Blanco, encarando sobre patines, con cabeza levantada y esa puntita del pie derecho que siempre llega antes que el músculo del defensor. Ayer, el pibe que pide Selección terminó abollado por un par de golpazos y no dio su mejor versión, pero qué va... El es parte de esa sabiduría que tiene Lanús para desarmar defensas tocando de primera. Pero también este equipo es capaz de parar la pelota, tomarse un tiempito, aguantar que se vengan de a dos y descargarla al que está libre.

A Vélez le faltó todo eso que tuvo Lanús. Incluso suerte. Porque Sand le pega de zurda, la pelota pasa entre las piernas de Ponce, Barovero se sorprende y gol. Y Cabrera, en el mismo arco, mete un derechazo que busca ángulo y, en el camino, le pega a ¡Zapata! Pero ojo, que Vélez también mostró que sin Tocalli no se acabó la rabia. Fue clamorosa la escasez de recursos para dañar a un Lanús que, cuando descansó, entregó peligrosamente la pelota.

Ahora bien: si Lanús es el que juega más lindo, ¿por qué depende de la catástrofe ajena? Porque no se perdona el abuso de irregularidad. Ahí le sacaron ventaja Boca (el menos rachero), San Lorenzo (el de mejor funcionamiento en un arranque voraz) y Tigre (el más sólido). Te podés caer tres veces, o cuatro (un empate es casi perder). No más. Y eso le sucedió a este equipo. Es parte del riesgo que se asume con la oxigenación permanente. Se celebra, en Lanús, que a falta de Acosta y Valeri, buenos son Blanco y Salvio. Le cabe también a Zubeldía, quien tiene que madurar como técnico a los 27 años. El reemplazo de piezas sacudió la estructura. Y cuando se estabilizó, tomó vuelo: sacó 16 de los 34 puntos en los últimos seis partidos. Antes, caminó arriba de un serrucho. Y tanto vaivén lo dejó contento pero no feliz, expectante pero no exultante, esperando el milagro.

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