Esperá sentado (en la platea)

A pesar de que Marcelo Gallardo siente que está para jugar al menos unos minutos frente a Banfield, mañana no habrá reestreno: Gorosito decidió no incluirlo en la lista de 19 concentrados. ¿El apuro por tener un líder futbolístico ya no es tanto?
La emoción puede (debe) esperar. Ya hubo galopes de cuores varios cuando Cristian Fabbiani, con todo su hinch... ismo a acuestas debutó con esta camiseta. Pero para que se concrete el regreso de Marcelo Gallardo, para que se produzca el primer chispazo de una nueva conexión entre el enganche y la gente de River, habrá que darse una ducha de paciencia. La misma que, a esta hora, cualquiera sea la hora que esta nota esté siendo leída, debe estar dándose el Muñeco. Porque a pesar de sus ganas, su deseo, su embale, mañana no aparecerá en el césped del Monumental con la 10 en la espalda, frente a Banfield. ¿Irá al banco, entonces? Va a esperar sentado... Pero en la platea.

Néstor Gorosito no lo incluyó en la lista de 19 concentrados (17 jugadores de campo) que esta tarde, después de la práctica de pelota parada a puertas cerradas que se realizará en el Monumental, se quedarán juntitos, todos juntitos, en el estadio.

¿Cortocircuito en puerta? Por lo pronto, el enganche mastica bronca porque siente que está para jugar, o como mínimo para integrar el banco y, de acuerdo a las circunstancias que se presenten en el partido, entrar unos minutos. Por otro lado, más allá de las entrevistas que concedió cuando se anunció finalmente su segunda llegada a Núñez, el "líder futbolístico" que tanto reclamaban los jugadores de River después de un verano turbulento elige, por estas horas, el silenzio stampa. ¿Mejor no hablar de ciertas cosas? Y...

Pasaron 15 días desde que Gallardo se entrenó por primera vez bajo la mirada de Pipo. Una operación de pubialgia y una mini pretemporada en Punta del Este habían precedido a una negociación complicada, no por los términos del contrato del Muñeco (que se ofreció a firmar un vínculo "por producción"), sino a causa de un duelo de egos que el futbolista y el ex se preocuparon por inflar con silencios y los "si me llama, voy", "que se haga la revisión y luego hablamos". No es, Gallardo, un santo de la devoción de Gorosito. Tampoco es imprescindible que lo sea. Y en este momento, en plena ola de euforia y adrenalina por Fabbiani, con un River que acaba de lograr dos victorias seguidas después de varios meses que parecieron siglos, el técnico no tiene la urgencia de tirar a la cancha al 10.

"Va a estar para jugar en la tercera semana de febrero", anunciaban desde el entorno de MG cuando se firmó el contrato. "No me pongo plazos, pero quiero estar cuanto antes", explicaba el jugador. Los tiempos, por ahora, no se ponen a prueba. Claro: triunfo ante Nacional de Paraguay, victoria en Rosario contra Central, cuatro puntos sobre seis posibles en el torneo... ¿Y si River pierde con Banfield? Ahí estará el Muñeco, concentrado y sentadito cerca del DT para visitar a San Lorenzo... ¿Y si gana mañana? Y, tal vez su regreso se postergue hasta el jueves 5 de marzo, en la visita a San Martín de Porres, por la Copa Libertadores. Lo que es casi un hecho es que la camiseta número 10 (esa que no se utilizó en el semestre pasado por respeto a Ortega y que ahora es propiedad del Muñeco) aparecerá, si no hay síntomas de dolor ni alguna lesión inesperada, frente a Arsenal, en la 5ª fecha del torneo Clausura. Como tarde, claro.

La necesidad, imperiosa, urgente, alarmante, de un conductor futbolístico parece haberse deshilachado. ¿No era tanta entonces, no es tanta ahora? El buen nivel de Buonanotte y la energía positiva que transmitió Fabbiani en los minutos que jugó compensaron, en parte, la carencia de conductividad con carácter que es evidente en este equipo. Y entonces, mañana, en las tribunas del Monumental, los hinchas de River lucirán caretas de un solo Muñeco...

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