A la espera de nuevas señales de la Casa Blanca

WASHINGTON.- El presidente Barack Obama volvió ayer a Washington, tras varios días de gira. Y eso alentó las especulaciones sobre un posible cambio de estrategia en el manejo de la crisis hondureña, sobre todo en quienes creen ver un tono diferenciado entre lo actuado por la Casa Blanca y el Departamento de Estado en esta primera crisis de golpe de Estado en América latina.
Quienes así piensan señalan la cautela inicial de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, frente al discurso más contundente de Obama, que reclamó públicamente que el derrocado Manuel Zelaya retornara al poder.

Cuando apoyó el nombre del costarricense Oscar Arias para asumir la difícil mediación en Honduras, Hillary Clinton asestó un duro golpe a otros actores de la crisis.

Por un lado, hizo a un lado al titular de la OEA, José Miguel Insulza, cuyo desempeño venía siendo objetado en algunos círculos locales por cierta falta de ecuanimidad y cautela (ver aparte). Y al mismo tiempo hizo otro tanto con el llamado "grupo de países amigos" que intercedieron en la crisis. Entre ellos, la Argentina, Ecuador y Paraguay, cuyos presidentes subieron a un avión, junto con Insulza, con el fallido plan de escoltar al derrocado Zelaya en su intento de forzar su retorno al poder.

La tarea de Arias abre ahora un segundo capítulo. En primera instancia, eso parece desechar una acción más fuerte por parte de Washington, que, desde un primer momento, respaldó el proceso de mediación.

"Hay quienes quisieran ver que nos implicamos más en la crisis. Pero es algo que estamos evitando", dijo a LA NACION una fuente demócrata. A lo largo de la conversación hubo más de una referencia al mote de "imperialista" con que se apela a Estados Unidos. Y aquí no hay voluntad de alimentarlo.

"Lo que hizo Estados Unidos fue, básicamente, apoyar el consenso", dijo, días atrás, Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano, uno de los principales centros de estudio de la región ubicados en esta ciudad. Un sello, el del consenso, que empieza a caracterizar a la diplomacia de este gobierno en la región. Y que la diferencia de la de su predecesor, George W. Bush, a quien pocos imaginan en un papel similar frente a esta crisis.

El problema es que, en el expediente de Honduras, el consenso, hasta ahora, no ha devuelto a Zelaya al poder. Y ha generado, a cambio, algunas situaciones incómodas para los demócratas. Entre ellas, que Obama apareció alineado en el mismo discurso con Hugo Chávez, Raúl Castro, Daniel Ortega, Rafael Correa y Cristina Kirchner, quienes, hoy por hoy, no son los jefes regionales con mejor predicamento en esta ciudad. Y esto ha molestado a los conservadores en el Congreso.

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