A la espera de favores políticos y de bendiciones gremiales

Dividir para reinar, aconsejaba Maquiavelo. Un “maestro” del siglo XV tiene sus alumnos en el XXI y son, obviamente, los políticos. El alperovichismo, como una forma de concebir el manejo del poder -igual que el menemismo o el kirchnerismo-, pone en práctica los dichos del florentino. Así dividió a la oposición, a la Justicia, a los empresarios, a los abogados, a los peronistas y, ayer, al movimiento obrero.
Es que en este año electoral, el oficialismo necesita pocos frentes abiertos que conspiren contra sus chances en los comicios de octubre. Tener bajo la sombra la sigla de la CGT -aunque devaluada- no es menor. En ese sentido, es mejor tener una central obrera aliada antes que una organización con gremialistas opositores constantemente en la calle. ¿Cómo pagará ese favor el Gobierno a los sindicalistas “oficialistas”? No puede ser menos que con una candidatura a diputado nacional (¿A Roberto Jiménez, el “hacedor” de esta nueva CGT?). Pero, hasta en estos movimientos de fractura también hay necesidades sindicales de forma para legitimarse. Así es como esta flamante central obrera decidió comunicar su decisión a Hugo Moyano, a la espera de recibir la bendición del camionero y ser reconocida como la auténtica CGT local. La realización del plenario, en ese sentido, puede verse como una forma de presionar a Moyano.

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