El espectro que frena los recelos opositores

Por Joaquín Morales Solá

Quizás no les haya gustado lo que vieron de ellos mismos en las páginas de los diarios. Sea por eso o porque despertaron a una realidad que está a dos años de la próxima elección presidencial, lo cierto es que las franjas opositoras parlamentarias recuperaron el diálogo en las últimas horas.

Elisa Carrió dijo que en adelante podrá ser llamada "Lilita de los Acuerdos" y hasta puso paños fríos en sus primeras tensiones con el presidente del radicalismo, Ernesto Sanz. Felipe Solá espera a Eduardo Duhalde para proponerle unificar los fragmentados bloques del peronismo disidente en Diputados. Oscar Aguad trabaja un acuerdo rápido entre los opositores para definir las comisiones bicamerales de control del Gobierno. "La oposición tiene que volver rápidamente al espíritu del jueves último", dijo el jefe del bloque radical.

Tres conclusiones son fácilmente perceptibles. La primera de ellas (y quizás la más importante) es que los dirigentes argentinos regresaron, después de mucho tiempo, al más elemental ejercicio de la política, que consiste en conversar. Los políticos argentinos no dialogaron prácticamente durante una década. Sin embargo, el encierro de la política en compartimentos infranqueables se dio sobre todo durante las dos administraciones Kirchner.

Las pasadas elecciones de junio crearon un damero parlamentario que obliga a oficialistas y opositores a una negociación constante. Obliga, incluso, al Gobierno. El oficialismo quiso huir de esa encerrona el jueves pasado, cuando el diputado Kirchner ordenó romper acuerdos que habían costado varios días. No pudo; corría el riesgo de que la oposición barriera al kirchnerismo de los puestos clave en Diputados. En las últimas horas, el presidente de esa cámara, Eduardo Fellner, les hizo llegar a los principales líderes opositores la propuesta de una negociación para fijar nuevas reglas de juego.

"No podemos estar en guerra permanente", les deslizó Fellner. Todos suponen que Fellner no actúa solo y que cuenta, por lo tanto, con la autorización de Kirchner. Es probable que sea así. Pero ¿qué garantías de perseverancia ofrece el ex presidente? ¿Acaso no fue él quien autorizó las negociaciones y los acuerdos de la semana pasada y luego los rompió? La relación del oficialismo con la oposición caminará siempre por ese camino receloso y prevenido, porque todos (y Kirchner es el primero) están aprendiendo a cohabitar en el poder.

Diferencia visible

La segunda conclusión es que hay una diferencia visible entre la reunificación radical y la atomización del peronismo disidente. "Los radicales tienen más vocación de poder que nosotros", estalló ayer Felipe Solá. Llegó a ese resumen cuando descubrió por qué los radicales tienen un numeroso bloque de 44 diputados. Sucedió que el viejo cobismo volvió al tronco partidario.

El peronismo disidente tiene un bloque de 29 diputados liderados por Solá, pero hay otros: seis diputados que responden a la diputada Graciela Camaño; dos que lidera el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, y dos monobloques del peronismo salteño. Solá cree que detrás de tal fragmentación está Duhalde, ya sea por acción o por omisión. Está elaborando un plan para proponerle al ex presidente que dentro de un año decidan las candidaturas presidenciales del peronismo antikirchnerista mediante un sistema de cotejo de encuestas. Le pedirá a cambio que contribuya a reunificar el peronismo disidente entre los diputados. El liderazgo peronista está en discusión.

Liderazgos fuertes

El no peronismo cuenta, en cambio, con liderazgos fuertes, como los de Julio Cobos, Carrió y el propio Sanz. "Cobos debe entender que el enemigo es Kirchner, no yo", dispara Carrió. Sin embargo, la líder opositora invitó al diálogo permanente a Aguad (con el que tuvo un fuerte roce en la reunión del jueves pasado), a Solá y al propio Gobierno. El problema más inminente que ven ellos es el de un Poder Ejecutivo vetando a diestra y siniestra todo lo que decida el Congreso. Incluida Carrió, todos quieren evitar una situación de enorme crisis institucional, política y social.

Carrió y Sanz hicieron las paces en público luego de un intercambio de reproches. Carrió teme que la reunificación radical termine entregándole ese partido a Cobos. Sanz aseguró públicamente que él será neutral y que los precandidatos presidenciales deberán competir en internas abiertas y obligatorias en agosto de 2011. El presidente del radicalismo sólo se acercó a Cobos cuando éste tomó distancia de los Kirchner. A su vez, Carrió ha dicho que su partido decidirá sólo en marzo de 2011 con quiénes hará alianzas. Discusión terminada. Los dos trasladaron la solución de los problemas internos actuales hasta bien entrado 2011.

La tercera conclusión es que los opositores descubrieron que, en efecto, falta mucho hasta 2011. Dos años de política argentina se pueden parecer demasiado a la eternidad.

Inmediatamente después del triunfo parlamentario opositor del jueves pasado, la conquista del poder parecía estar para los líderes antikirchneristas a la vuelta de la próxima esquina. No es así. No sólo faltan dos años; también gobierna un grupo político capaz de mandar y de controlar la administración con los pequeños trozos de poder que le quedan después del derrumbe.

Los opositores han establecido en las últimas horas que una tarea pendiente es la conformación de las comisiones bicamerales, que son las de control del Gobierno. Una de ellas es la que supervisa los decretos de necesidad y urgencia. Esa comisión está en condiciones de rechazar o de aprobar tales decretos; es decir, puede convertirlos en papel mojado.

La oposición sostiene que la integración de esa comisión concluirá el 10 de diciembre y que deberá nombrarse otra que respete la actual relación de fuerzas parlamentaria. El oficialismo se resiste, porque quiere preservar su actual mayoría en esa comisión.

Esas son las cosas que frenan en seco los recreos internistas de los opositores y los devuelven frente al espectro de Kirchner. Es el mejor remedio para amarrarlos de nuevo.

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