El espectro de la censura

Por: Santiago Kovadloff.

El Gobierno rehúye la reflexión. Sólo está urgido por la necesidad de acumular poder. Si le importaran la consistencia y el perfeccionamiento del proyecto de ley de medios, no impulsaría un proceso compulsivo en busca de su aprobación. Una vez más, descarta los consensos. Una vez más, se burla del intercambio de ideas.

Privilegia el monólogo en la misma medida en que rehúye los objetivos nacionales consensuados y sólidos. Su proceder actual es consecuente con la que ha sido su actitud constante: despreciar el diálogo, concebir la política como un ejercicio de aniquilación de la disidencia.

¿Qué hará con la ley de medios en su poder si no lo que hasta ahora ha hecho sin ella? Su cultura política sólo es autorreferente, intolerante y prebendaria. Multiplicará su presencia en emisores radiales y televisivas, tratando de extenderla también a la prensa escrita. Buscará realizar su sueño básico. Querrá, una vez más, serlo todo a expensas de todos: los pobres, los disidentes, las instituciones, la oposición. El Gobierno ignora qué es el Estado democráticamente entendido y, por eso, poco y nada puede aportar a una concepción pluralista de los medios estatales y públicos.

Lejos de reemplazar lo que aún queda de la ley de medios elaborada por el Proceso militar, la actitud compulsiva y autoritaria con que actúa viene a potenciar esos elementos residuales y a resucitar el espectro de la censura dictatorial.

La gran tarea opositora, a partir de diciembre, tendrá que consistir en devolverle credibilidad democrática y pluralista al Parlamento. La discusión adecuada de la ley de medios deberá tener lugar a partir de entonces. Y ello deberá hacerse de manera ejemplar: pensando en el país a mediano y largo plazo, en su cultura indispensable y en la capacitación cívica de su sociedad. Y no en el poder político disociado de estas tres ideas fundamentales.

Si la oposición no procede así, la democracia seguirá perdiendo credibilidad y la Argentina, su rumbo indispensable.

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