El espectáculo de la intimidad

Por: Ricardo Roa

La comunicación virtual inauguró un nuevo campo para los juegos de seducción. Las redes sociales como Facebook propician una cultura diferente para armar historias amorosas.

Y también para desarmarlas. Con la Red se abrieron las puertas a una nueva forma de intimidad. De una intimidad entre comillas: una intimidad que se vuelve espectáculo. Hay un fuerte exhibicionismo en Internet. Algunos muestran todo sin pudor. Si todo se hace público ¿qué lugar queda para lo privado? Colocar la foto propia en Facebook es mostrarse. Enviar un mensaje que es una botella al mar. Puede ser la vía perfecta para recuperar afectos perdidos en el tiempo. Pero también un teatro de apariencias. De verdades que se entremezclan con mentiras.

Estar en Facebook no te transforma necesariamente en un exhibicionista. Pero siempre hay una decisión, para quienes se integran a la megacomunidad, de colocarse en una vidriera, una especie de escenario para ofrecerse. En un sentido, uno se pone en oferta en Facebook.

Y ese juego puede terminar en un desastre: ha empezado a ser utilizado para hallar argumentos de divorcio. Las pruebas en materia de intimidad siempre fueron problemáticas pero cuando se hacen públicas, la Justicia no tiene impedimentos en reconocerlas.

Comentarios insultantes, fotos comprometedoras, estatus de soltero cuando realmente uno está casado: evidencias de una pareja en crisis o de infidelidades, que en la vida real tienden a ocultarse y en la virtual tienden a ostentarse. Facebook transparenta en buena medida la naturaleza de las relaciones. Lo virtual va en paralelo a lo real. Y a veces esa dimensión se vuelve más potente que la realidad misma.

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