España le pegó un mazazo

Argentina arrancó bien ganando el primer set. Luego prevaleció el equipo español, desde lo tenístico pero también desde lo anímico. Ahora, queda la hazaña.

Por: Mariano Ryan

El esfuerzo por llegar a esa volea baja fue máximo. Pero ya no había reservas físicas en el cuerpo de David Nalbandian. Tampoco las había anímicas en la pareja argentina. Y ese golpe de Verdasco que el unquillense no pudo devolver fue directamente un certero ataque al corazón de las ilusiones que tiene el tenis argentino y que ayer recibió un mazazo de los que duelen, de los que se sienten, de los que tardan tiempo en asimilarse.

España está arriba en la final más esperada, la que puede acabar definitivamente con ese mito de la bendita y esquiva Copa Davis. Una España sin Rafael Nadal, su líder y Nª 1 del mundo, llegó al domingo con una ventaja que pocos imaginaban. Pero la chapa está instalada y el marcador indica que los españoles superan por 2 a 1 a los argentinos y que para lograr la famosa Ensaladera de Plata por primera vez en la historia habrá que obtener los dos puntos de hoy.

Así, sin vueltas. Así, sin medias tintas. Es los dos puntos o nada. Es las dos victorias o sufrir una de las derrotas más duras de todos los tiempos no tanto por la jerarquía del adversario -el equipo de Emilio Sánchez tiene tres jugadores de primerísimo nivel pero además está jugando sin presión ante la ausencia de su as de espadas-- sino más bien por la expectativa enorme que se creó alrededor de este match.

Feliciano López y Fernando Verdasco vencieron a Agustín Calleri y David Nalbandian por 5-7, 7-5, 7-6 (7-5) y 6-3 y aportaron la ventaja para su país. Pero, como de la Davis se trata, lo tremendo para Argentina no fue haber perdido este dobles que parece decisivo (todavía no se puede afirmar que lo sea) sino afrontar las consecuencias que dejó una victoria que anoche, en el bunker del conjunto de Mancini, frente al mar en la zona de playa Grande, todavía se trataba de asimilar.

Diría Perogrullo que el dobles se juega de a dos. Pero lo que no diría Perogrullo es que para ganar un partido de dobles tienen que coincidir una mayoría de buenos momentos del 100 por ciento de la pareja. Y eso es lo que tuvo España y lo que le faltó a Argentina. Los doblistas visitantes no jugaron en su plenitud durante las casi tres horas y media que jugaron en el sintético del polideportivo marplatense -si así lo hubieran hecho el resultado no hubiera sido tan parejo--. Pero cuando en el primer set Verdasco fue el único que perdió su saque con doble falta incluída y ese rompimiento fue determinante para que los argentinos sacaran la primera diferencia en el marcador, López actuó en un nivel increíble llegando con el impulso tremendo que había tomado en su fantástica victoria del viernes ante Del Potro. Y luego, cuando fue López el que aflojó su rendimiento -un poco por nervios y otro por cansancio-- en el momento que Argentina levantó la desventaja de 5-1 en el tercer parcial, Verdasco se hizo fuerte con su saque y con su solidez desde el fondo.

Lo de los argentinos, en cambio, resultó mucho más irregular. Y, para peor, el rendimiento de ambos fue de mayor a menor. Es que a medida que fueron transcurriendo los minutos, Nalbandian empezó a llegar más tarde a la red para volear y al mismo tiempo Calleri -el que mejor volea en el equipo nacional-- simplemente alcanzó a bloquear los palos de López y Verdasco sin lograr definir los puntos adelante, donde hubiera sido decisivo para Argentina.

España, entonces, se hizo fuerte ganando el segundo set y Argentina desperdició una ventaja de 5-1 en el tie break del tercero. Esa doble falta de Nalbandian (lo molestó un grito de una aficionada española) y cuatro puntos que se le escabulleron muy rápidamente a los argentinos determinaron la historia que iba a terminar escribiéndose en esta parte de la gran final. Casi para decir que el último set estuvo de más.

Es que allí, en la definición, el público mermó en su aliento por una pareja que deambuló por la cancha sin brújula, superada por la calidad de una dupla con una superior experiencia actuando junta en la Davis.

Un tercer quiebre del saque de Nalbandian (sufrió cuatro en el partido) y el segundo a Calleri fueron brutales para enterrar los sueños de una resurrección tenística que jamás llegó, aunque en algunos momentos los hinchas argentinos desearon y los jugadores vislumbraron.

Después de levantar dos match points -un error forzado y uno no forzado de revés de Verdasco--, en el tercero fue el propio madrileño el que desató la euforia de su equipo y de su gente.

Del otro lado, en una proporción similar, desató la sensación de que la Davis, que en lo previo parecía tan cerca, ahora quedó más lejos. Y eso preocupa.

Pero también duele...

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