España, golpeada, espera un amargo 2010

En 2009 se estancó el crecimiento y el desempleo alcanzó niveles récords; los pronósticos para este año son incluso más sombríos.
El último año de la primera década del siglo XXI fue para España el que más parece haber alejado al país de los sueños de progreso y de integración al desarrollo económico y social acuñados durante la difícil transición democrática iniciada tras la muerte del dictador Francisco Franco.

No hubo en 2009 más que noticias negativas y cabezas gachas en una sociedad que asistió, desalentada, a la imparable destrucción del empleo que colocó la tasa de desocupación en un preocupante 18,2% y que, de continuar en ascenso, podría perforar el año próximo la siempre temida barrera de los cinco millones de desocupados.

Sin embargo, no sólo los números atentaron contra el humor social y el hasta hace poco tan característico optimismo español. También el desencanto con la clase política y, en especial, con la capacidad del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero para enfrentar la crisis conspiran, según las fuentes consultadas por LA NACION, con las posibilidades de esperar en 2010 los primeros "brotes verdes" de la recuperación.

"Como sigamos así, 2010 tendrá el efecto de un segundo tsunami, que seguirá al que padecimos en los últimos meses. Para peor, muchas empresas privadas españolas, si siguen sin hacer pie aquí, continuarán con la tendencia a invertir más en otros países que en el mercado local", afirmó el analista privado Víctor Escudero, que mencionó a América latina como el "principal destino" que encontrarían los capitales españoles ante el desplome de la actividad económica en el país, que el año pasado se tradujo en una caída de 3,7% del PBI.

Esta tendencia, que fue ratificada por grandes empresas españolas como Repsol-YPF, Renfe y diversas entidades bancarias con activa presencia en la región en sus planes de inversión, se explica, según Escudero, en la "debilidad" actual del mercado español. "América latina puede ser imprevisible, pero nosotros no estamos en mejores condiciones. Nadie sabe qué va a pasar en España después de que todas las previsiones sobre mejoras fallaron en el último año, y pasamos a tener un déficit público del 10,4% y un nivel de desempleo insostenible."

José Bonmatí, director general de una de las entidades que sirve de barómetro de la actividad privada, coincide. Sin embargo, supone que, tras el desplome, "algunas compañías podrían empezar a mostrar señales de recuperación" a fines de 2010.

"Después de este año terrible, es posible, quizá, soñar con algún rebote en los sectores más dinámicos de la economía, pero lo que no va a cambiar es la tendencia hacia el aumento del desempleo. Costará muchos años reparar todo el daño causado", añade el representante de la Asociación Española de Codificación Comercial.

Sensación de riqueza

La solución al grave problema de la desocupación, que para Bonmatí "ha hecho que desapareciera de un plumazo la sensación de riqueza colectiva vivida por la población hasta hace dos años", es la principal barrera hacia la recuperación de la prosperidad perdida en el futuro inmediato.

Pero no es la única: también el consumo doméstico, que profundizaría su caída en un 2% para fines de 2010, ha ofrecido en los últimos meses postales hasta hace poco impensadas en la España que llegó a ser considerada un modelo de desarrollo económico.

"La crisis se nota en la sensible reducción del número de pasajeros de nuestros trenes urbanos y suburbanos, es decir, de aquellos que van desde sus hogares hasta el trabajo todos los días", dijo una fuente de la compañía ferroviaria Renfe a LA NACION, aunque sin dejar de hacer una llamativa aclaración. "Donde no se han registrado fuertes descensos es en los viajes turísticos o por motivos no laborales, pero eso merece otro análisis", afirma.

Los problemas no se agotan en los devastadores índices económicos. El nivel del diálogo político tampoco ofreció garantías de una discusión constructiva sobre posibles salidas a la crisis: tanto el oficialismo como la oposición sufrieron un grave desgaste ante la opinión pública tras la escalada de acusaciones cruzadas sobre corrupción y malversación de fondos que alejaron aún más a los políticos del electorado.

"El año que acaba de terminar dejó en evidencia un fenómeno que ya se insinuaba en los últimos años, que es la falta de preparación en la actividad privada tanto del PSOE como del Partido Popular [PP], que debería ser la alternativa de recambio. Todo ha terminado en un intercambio de insultos de muy bajo nivel y, lo que es peor, al borde de la ruptura del diálogo en el Congreso", afirma Escudero.

Las postales de España

No obstante, es una vez más la demoledora destrucción del empleo la que sobresale entre otras imágenes contrastantes, como la masiva concurrencia a los shoppings en las últimas fiestas, que pareció sorprender a los propios españoles.

La eliminación de puestos de trabajo (según la escuela de negocios IESE se perdieron 1.478.000 empleos en los últimos cinco trimestres) colocó a España en la cima de los países de la Unión Europea (UE) que menos resistencia ofrecieron a la crisis global.

Según el economista Juan José Toribio, uno de los académicos más consultados de esa prestigiosa casa de estudios, las dificultades de España se encontrarían en las complicaciones para acceder al crédito, así como en la "ineficiencia de la burocracia estatal" para llevar adelante cualquier tipo de negocio.

Sin embargo, en su opinión, uno de los problemas más difíciles de sobrellevar es político y no económico. "Es necesaria una urgente y profunda reforma laboral", dice, en referencia a la resonante pelea de fondo que han mantenido en los últimos meses las asociaciones de empresarios agrupados en la CEOE, que reclaman una reducción del costo de los despidos y, por otra parte, el gobierno nacional y los sindicatos, que procuran mantener el esquema de elevados gastos y subvenciones adoptados como medida para enfrentar el desempleo.

Esta alianza entre las autoridades socialistas y el poder sindical, reafirmada tras el lanzamiento del llamado Plan E de obras públicas, que prevé una inversión de 5000 millones de euros, fue criticada con sarcasmo en el último editorial de la influyente revista Actualidad Económica, que traza una analogía con la realidad argentina. "Rodríguez Zapatero ha dado una orientación peronista a su gobierno", dice, en referencia a la utilización de las asociaciones sindicales, como "fuerzas de choque" del gobierno, en calidad de contraprestación a las "subvenciones que reciben de los presupuestos públicos" que superarían, este año, los 300 millones de euros.

"A cambio -remata la nota- ejercen de protectores del gobierno y se han constituido a imagen y semejanza de los sindicatos peronistas argentinos, en piqueteros del nuevo justicialismo español de Rodríguez Zapatero."

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