La espada de Damocles

Por Mariano Grondona

Damocles era un cortesano ambicioso que vivió en el siglo V a. C. en la ciudad de Siracusa y a quien el tirano del lugar, Dionisio el Viejo, lo nombró rey por un día colocando sobre su cabeza una espada suspendida de una crin de caballo, para mostrarle la precariedad del poder. Y así vivió Damocles durante ese día angustioso, temiendo que cada instante fuera el último.

Kirchner, nuestro Damocles, también tiene sobre su cabeza una espada suspendida desde las elecciones del 28 de junio, no por un día sino por un plazo algo más largo pero igualmente precario porque el próximo 24 de agosto vencerán las facultades extraordinarias que el Congreso le había concedido hace tres años y gracias a las cuales pudo promover una cantidad de medidas arbitrarias, entre ellas las retenciones a las exportaciones agropecuarias, de las cuales depende hoy más que nunca su famosa "caja".

Es seguro que el próximo 10 de diciembre el nuevo Congreso, ya dominado por la oposición, cortará la crin de caballo de la que ahora depende la subsistencia política de los Kirchner, a menos que ellos pierdan aun "antes" de aquella fecha el control del Congreso en función de la inminente diáspora del kirchnerismo.

¿Cómo está tratando de aprovechar la pareja presidencial este exiguo plazo? Diciendo que convoca al diálogo con los opositores pero, en realidad, "amagando" que lo hace. El Diccionario define el "amago", la acción de amagar, como un ademán engañoso. En nuestro fúbol se define el amago o "amague", según lo llama la tribuna, como equivalente a la gambeta, y así se usa esta expresión cuando se dice que un arquero "se comió un amague".

El inmediato rechazo de la oposición al más reciente de los "amagos" del Gobierno, su poco creíble llamamiento al diálogo, muestra que esta vía ha sido hollada tantas veces que de ahora en adelante ya no les servirá a los Kirchner. Hemos iniciado una nueva etapa de amagos oficialistas invariablemente rechazados por la oposición. Nuestro Damocles se encuentra sin salidas.

¿Lo aprovechará la oposición? Decirle que no a los Kirchner con mayor prontitud que antes, ¿le alcanzará? No, porque aun rechazado, el Gobierno conserva la iniciativa. Lo que ahora le falta a la oposición es animarse a efectuar su propias propuestas. Ellas sí, podrían poner a la defensiva al Gobierno. ¿Qué ocurriría por ejemplo si mañana los opositores presentaran en el Congreso un plan común de acción? Que pasarían a ocupar el centro de la escena. Recién entonces el "poder de iniciativa", que es parte esencial del poder, cambiaría de manos.

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