Un espacio que por momentos se burló de la confidencialidad

Se mantuvieron en secreto las discusiones, pero se difundieron datos clave
La antesala del despacho del vicepresidente Julio Cobos, un cuarto del primer piso del Senado con una alfombra roja de pared a pared y sillones mullidos tapizados en cuero bordó, fue ayer una frágil frontera que separó lo secreto de lo público.

La comisión especial parlamentaria que debe aconsejar a Cristina Kirchner sobre la remoción del presidente del Banco Central, Martín Redrado, tuvo una agitada primera reunión, que, como indica su reglamento, fue de carácter reservado.

Pero, pese a los intentos de los integrantes del cuerpo por apegarse al libreto de la confidencialidad, el encuentro se fue convirtiendo, a lo largo del día, en un escenario en el que salieron a la luz las discusiones entre el Gobierno y el removido titular de la máxima autoridad monetaria.

Los primeros en cruzar la frontera del secreto fueron los propios integrantes de la comisión, que, por la mañana, difundieron un comunicado en el que informaron que ayer declararían el ministro Amado Boudou, el vicepresidente del Banco Central, Miguel Pesce, y el procurador Osvaldo Guglielmino, y que hoy lo haría Redrado.

Boudou también ensayó el guión de la confidencialidad. Pero enseguida se puso cómodo y navegó encantado sobre la ola de micrófonos que lo esperaba del otro lado de la antesala. "Quedarse atornillado a una silla no es un buen mensaje para la sociedad", dijo sobre el presidente del Banco Central. Entre divertido e inquieto, se rió con ganas cuando un movilero confundido le preguntó si Boudou debía renunciar.

Un instante atrás, el ministro se había cruzado con Pesce, justo antes de que éste ingresara a declarar en la comisión, sin entrar en contacto con la prensa, al igual que Guglielmino. Las exposiciones se extendían y, del otro lado de la antesala, periodistas y asesores mataban el tiempo, amontonados en un pasillo atravesado por los cables y las luces de las cámaras.

Cerca de las 18, de un despacho contiguo al de Cobos salió, de jeans y zapatillas, el senador Nito Artaza, que aprovechó un descanso de su obra teatral para convertirse en una de las pocas voces radicales de respaldo al vicepresidente.

Minutos después, un documento recibido por la comisión burló la frontera y llegó a manos de los periodistas. Redrado advertía que no se presentaría a declarar si la comisión no le reclamaba antes a la Presidenta que derogara el decreto por el que había dispuesto su remoción.

Justo en el punto al que se dirigían las cámaras de TV se paró, minutos antes de las 20, el presidente del bloque del oficialismo en la Cámara de Diputados, Agustín Rossi. "Si Redrado no se presentara, creo que la comisión debería emitir un dictamen mañana mismo [por hoy]", dijo. En una conversación telefónica, la propia Presidenta le había pedido que entrara en escena para replicar con dureza la jugada de Redrado.

Concluido el encuentro, el último en cruzar la frontera fue el diputado Alfonso Prat-Gay, integrante de la comisión especial. En un breve contacto con la prensa, descartó los pedidos de Rossi, para apurar el consejo a la Presidenta, y de Redrado, para reclamar la derogación del decreto. Fue justo antes de abrazarse a la consigna del secreto y retirarse a paso acelerado.

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