Escuelas no saben qué hacer con los chicos alcoholizados

Escuelas no saben qué hacer con los chicos alcoholizados
Docentes y directoras admiten no estar preparados. Los alumnos llegan cansados y violentos, y no rinden en el aula. Detectan la ausencia de los padres.
La polémica que disparó el intendente de San Francisco la semana pasada, cuando planteó la posibilidad de realizar test de alcoholemia en las escuelas, no hizo más que desnudar un problema de larga data: el abuso del alcohol en los adolescentes.

Y junto a él, otro: que las escuelas no están preparadas para tratar situaciones que se repiten con frecuencia. Docentes y directores de escuela consultados confirmaron a este diario que los casos son comunes y que no saben cómo manejar la situación. Profesores, consejeros escolares, psicólogos, médicos y los mismos chicos dicen que el consumo de alcohol es "el tema".

Los consultados aseguran que los casos no son excepcionales: chicos de 15 a 18 años que van sin dormir y alcoholizados al colegio, que faltan la jornada siguiente a una trasnochada durante la semana, que toman cerveza antes del contraturno (en general gimnasia). También toman en las horas libres, en el baile, en el boliche, en la "previa" en una casa, en la plaza o en la calle. Se duermen en clases. Salen todos los días de la semana, sin distinción.

Las consecuencias son graves: ausentismo, reacciones violentas, bajo rendimiento escolar, falta de límites, accidentes...

"Está bueno decir en el colegio: ‘Estoy chupado porque salí anoche y no dormí nada’. No tiene la misma onda que ir a dormir a tu casa", cuenta Emiliano, alumno de 6° año de un colegio privado de la zona norte, mientras cinco chicos de su edad asienten.

Una gran salida adolescente son las "despedidas". La más importante es la de fin de año: los de 5° juntan dinero, alquilan un salón, compran las bebidas y le festejan a los de 6° sus últimos días de clases. El nivel de alcohol en esas fiestas es infinito, cuentan los chicos. Algunos colegios públicos y privados permiten a sus alumnos faltar a clases al día siguiente, porque en general se hacen en un día de semana.

También están las despedidas que se hacen durante el año, una vez por mes, que organizan los boliches. Y los bailes. "Cualquier día es bueno para salir. Hoy salen mucho, la escuela ya no es la actividad principal de muchos chicos", cuenta Verónica, vice directora de una escuela pública de la ciudad.

La solución es... E., directora de un colegio público céntrico, asegura que en varias oportunidades llamaron al médico y al servicio de emergencias para atender a un alumno en estado de ebriedad. Y que no saben cómo manejar la situación. Tal vez por eso, la encuesta de Jóvenes Ciudadanos arroja que el 52 por ciento de los directivos consultados considera positivo que las escuelas usen alcoholímetros. Pero, claro, no todos coinciden.

Son importantes los espacios de reflexión, como las consejerías escolares pero que sólo existen siete instituciones de Córdoba. Una de ellas el año pasado realizó un taller de conductas saludables, a partir de la preocupación de los directivos por una fiesta estudiantil con exceso de alcohol.

"Con estas actividades los chicos hablan, reconocen entre todos los puntos no saludables, se destruyen mitos, estereotipos, como que el que supone que para socializar es necesario compartir el alcohol", cuenta Lorena Beloso, una de las consejeras.

"La escuela sola no puede solucionar esto. Hay que ver qué pasa con la familia. Con la sociedad en general, que tiene que controlar los lugares que venden alcohol", cuestiona E.

La constante que detectan los especialistas consultados es la ausencia de los padres o el consumo en exceso que hacen ellos mismos.

El problema, oculto. El alcohol, además, aparece como algo naturalizado. "La referencia al consumo de bebidas alcohólicas siempre se plantea como algo normal, ligado a los momentos de encuentro para la diversión, nunca como un problema", asegura Nora Pellegrino, coordinadora del proyecto de consejerías de la cartera educativa.

Esa "naturalización" de la ingesta alcohólica se nota en la Casa del Joven, del Ministerio de Salud provincial. El titular de la institución, Osvaldo Navarro, informó que de las 500 nuevas consultas mensuales, sólo el 20 por ciento son por consumo de sustancias (drogas y alcohol).

Pero luego se descubre que el 88 por ciento de esos 500 jóvenes abusan de alguna sustancia.

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