No escuchemos los cantos de sirenas

Por Héctor Daer,

Titular del Sindicato de Sanidad y secretario de Prensa de la CGT.

En este 1º de mayo resultaría ingenuo o irreal referirme a celebraciones de viejas conquistas sociales o evocar a través del realismo mágico climas de euforia colectiva de tiempos pasados.

En este momento, si sólo recordáramos las luchas, reafirmáramos la militancia o valoráramos los derechos laborales alcanzados distorsionaríamos la lectura de la realidad y modificaríamos en consecuencia los cursos de acción.

Del mismo modo, la pacífica aceptación de una situación de crisis económica internacional, con consecuencias sociales y laborales devastadoras en la región y en nuestro país, puede inmovilizarnos y frustrar la búsqueda de nuestros objetivos.

Hoy más que nunca debemos estar atentos y alertas.

Así, como la ‘falsa moneda sustituye la buena’, los falsos debates sustituyen a los reales debates.

Con premeditada insistencia, aprovechando el anuncio magnificado de catástrofes inminentes que nos llegan desde el norte y consientes de la memoria viva en todos los trabajadores, de las crisis pasadas, los dirigentes empresarios pretenden hacernos creer que es momento de elegir entre: empleo y salarios, o lo que es peor aún, entre trabajo digno para pocos o trabajo (indigno?) para muchos.

Otra vez la pelea en el campo nuestro. Otra vez entre trabajadores ocupados y trabajadores desocupados, entre trabajadores con salarios altos contra trabajadores con salarios bajos.

La mesa de discusión tiene dos lados y dos lógicas distintas.

No debemos dar un debate perverso, no escuchemos los cantos de sirenas, siempre fue igual y siempre terminó mal.

Debemos aprender de la última crisis, de la desintegración social del 2001, salimos con más trabajo, con más salario, con más derechos colectivos, con más contención social y con discusiones de nuevos y mejores convenios colectivos.

Hoy la receta es la misma, más y mejor trabajo, mejores salarios y mayor protección social para los desempleados.

El fortalecimiento del mercado interno y el trabajo como ordenador social.

Seis meses sin crecimiento no evaporaron seis años de ganancias empresarias ininterrumpidas.

No hay razones colectivas para transitar el camino de la resignación y la degradación.

Las situaciones particulares o sectoriales, deben atenderse con la responsabilidad de siempre, pero sin perder de vista el gran objetivo nacional de una justa redistribución de los ingresos.

El primero de mayo es el día del trabajo, del trabajo digno, no de cualquier trabajo.

El primero de mayo es el día del trabajador, del trabajador bien pago, con derechos laborales y sociales garantizados, no de cualquier trabajador.

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