En un escritorio se resolverá el futuro del gremio vial

En un escritorio se resolverá el futuro del gremio vial
Trabajadores viales se arrogaron el triunfo en la asamblea y la destitución de Palavecino; pero la comisión directiva desconoció el plenario. Un gran operativo policial garantizó la seguridad en las afueras de ATE. Más de 200 empleados no pudieron ingresar al lugar.
La correlación de fuerzas era notoriamente dispar. Al puñado que respondía a Manuel Palavecino se le oponían cientos que reclamaban su destitución. No obstante la supremacía, la eventual revocatoria del mandato del consejo vial quedó a manos del Ministerio de Trabajo de la Nación.

Desde antes de las 9 de ayer, los viales se fueron acercando a la sede de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), Buenos Aires 672. Ese fue el lugar que eligió Palavecino para que los afiliados decidieran su destino. El dirigente aguardaba en una oficina, acompañado por un reducido grupo de colaboradores cercanos. “Todo tranquilo, salvo un par de revoltosos que gritan afuera”, respondió a LA GACETA sobre cómo vivía los momentos previos. Se refería a los alaridos de impaciencia de quienes pugnaban por ingresar.

Cerrojo

Un doble vallado sobre Buenos Aires (en los cruces con Bolívar y con Lavalle), 150 efectivos de Policía vial, de Patrulla Urbana y de guardia de caballería y de infantería -con trajes antimotines- y un camión de bomberos desalentaban cualquier ansia de disturbios. “Se cortó la calle desde las 23 de ayer (por el lunes); además de estos efectivos, tenemos lista una fuerza de reserva en las cercanías”, afirmó José Eduardo Díaz, segundo jefe de la Regional capital, a cargo del operativo. Díaz agregó que los policías no portaban armas sino escudos y bastones para protección personal.

En los cortes se efectuaban cacheos a los ingresantes y constataba que fuesen afiliados. El fantasma del 19 de setiembre de 2007 -cuando la interna vial se cobró la vida del sereno Ramón Paz- motivó semejante operativo.

Desde el anuncio, diversas voces se alzaron en contra del lugar. Decían que era chico para la asamblea de un gremio de 1.375 afiliados. La dirigencia dijo que ayer apenas se llenó en un 30%. La pieza donde debatieron las más de 200 personas mide unos 60 m2. Una cifra similar quedó afuera.

De allí el eje del conflicto que deberá resolver el Ministerio. Un dirigente vinculado a Palavecino, apenas iniciada la asamblea, hizo saber que se requería un número de 307 personas para que el encuentro sea válido. Argüía que esa cifra representaba el 80% de los firmantes del pedido de revocatoria (384, según la Dirección Provincial de Vialidad), exigido por el artículo seis del estatuto. Según Palavecino, la asamblea fue nula porque no tenía quorum.

Más de 200 trabajadores que querían destituirlo opinaron lo contrario. Una de las primeras medidas fue hacer que se abra la puerta que, según denunciaron, había cerrado la dirigencia para impedir el ingreso de más opositores. Sus conclusiones fueron volcadas en un texto, del que dio fe un notario llevado por los afiliados.

Si bien la tensión estuvo siempre presente, alcanzó el clímax en ese momento. Un puñetazo impactó en la nuca del dirigente cuando este abandonaba el mitin. Su buen tino, en no responder, evitó que todo se desmadre. La comisión directiva se dirigió a unas oficinas al fondo de la casa. Los trabajadores, un poco más calmados, continuaron con el plenario. Por moción de Ramón Fernández -presidente de la asamblea- ingresaron los 28 afiliados suspendidos por la directiva. Al frente de estos caminaba Pedro Teruel, la principal figura entre los opositores a Palavecino. Una vez dentro, no tardó en erigirse en mediador con los veedores de la Secretaría de Trabajo de la Provincia, que admitieron que no tenían competencia en la contienda, y que eran el Ministerio o la Secretaría de Trabajo nacionales los órganos que debían haber fiscalizado el mitin.

La asamblea fue dejando de lado la bronca y abriendo paso a los aplausos: Palavecino había sido destituido. Ahora la palabra la tienen los abogados.

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