"Escraches" a ejecutivos de AIG

Las protestas contra los directivos de la aseguradora llegan hasta la puerta de sus casas
BRIDGEPORT.- Anteayer, el ejecutivo de AIG apodado "Jackpot Jimmy" ("Jimmy Premio Gordo") por un tabloide neoyorquino caminaba por la entrada de autos hacia su casa de Fairfied, Connecticut.

"¿Cómo me siento?", dijo el ejecutivo, James Haas, repitiendo la pregunta que se le acababa de formular. "Me siento horrible. Esta ha sido una enorme y completa invasión de mi vida privada."

Haas siguió caminando, y dijo con voz entrecortada: "Tienen que entender", hay niños involucrados, y hubo amenazas de muerte?". Su voz se extinguió. Parecía como si estuviera luchando contra las lágrimas. "Yo no tengo nada que ver con esos problemas de créditos", dijo Haas, de 47 años. "Le dije al señor Liddy", agregó para referirse a Edward M. Liddy, ejecutivo jefe de AIG, el gigante asegurador, "que rescindiría mi contrato de retención". Y terminó la conversación con un pedido: "Dejen en paz a mis vecinos".

Pero era demasiado tarde. Jean Wieson, que ha vivido en la misma calle durante 24 años, había detenido su auto delante de la vivienda de Haas antes de que él hubiera llegado a su casa. La mujer estaba furiosa por los millones de dólares de bonificaciones pagadas a los ejecutivos de AIG y por los 170.000 millones de dólares que el gobierno había gastado para recuperar a esa empresa. "Es repugnante lo que ha hecho esa gente. Deberían obligarlos a devolver hasta el último centavo", dijo Wieson.

En el pasado, esas bonificaciones contribuyeron a convertir a los ejecutivos de AIG en ciudadanos prominentes. Todos tienen grandes casas, como la de Haas, con sus tres chimeneas y sus vistas a Southport Harbor y Long Island Sound. Algunos son famosos contribuyentes de los grupos artísticos y de las escuelas privadas de comunidades de Connecticut, próximas a las oficinas de AIG.

Ahora, estos ejecutivos son "tóxicos", y esas comunidades están furiosas. Hay guardias de seguridad privada ante las casas de los ejecutivos y, a veces, también pasa algún patrullero de la policía local. Los empleados de AIG, que trabajan en la torre de oficinas de la empresa en Manhattan, fueron advertidos de que no debían abandonar el edificio mientras afuera se realizaba una protesta.

Un ejecutivo de AIG, que no quiso identificarse porque temía las consecuencias si daba su nombre, dijo que muchos trabajadores se sentían demonizados y traicionados: "Es tan terrible como el macartismo, sino peor".

La furia del público, continuó, "se basa en hechos falsos, en nombre de la agenda de otros". En cambio, explicó, que las así llamadas bonificaciones eran simples pagos que habían sido prometidos mucho antes a los empleados, incluidos los asistentes técnicos y administrativos.

Los empleados de AIG no son los únicos que buscan protección: un ejecutivo de Merrill Lynch, cuyas bonificaciones también han sido objeto de duras críticas, dijo que algunos empleados habían preguntado si la empresa cubriría los costos de la seguridad privada para ellos.

Y es posible que haya más protestas. El Partido de las Familias Trabajadoras de Connecticut, que tiene el apoyo de los sindicatos, está planificando para hoy un recorrido en autobús por las casas de los ejecutivos de AIG, con una escala en las oficinas de la empresa.

"Vamos a hacer todo pacíficamente", dijo Jon Green, director de Familias Trabajadoras de Connecticut. "Sé que hay mucho enojo debido a lo ocurrido. No pretendemos fomentar esos sentimientos, pero sí, queremos darle a la gente de Bridgeport y Hartford y de otras partes de Connecticut, a los que están perdiendo sus casas y sus empleos, una oportunidad de ver el estilo de vida que se puede comprar con los miles de millones de dólares producto de los trueques de créditos en default."

AIG pagó 165 millones de dólares de bonificaciones a 463 de sus ejecutivos, pero en el clamor que entró en erupción cuando esos pagos se hicieron públicos, el señor Liddy les pidió a sus empleados que devolvieran gran parte de ese dinero. Dijo que muchos habían accedido a devolverlo.

Varias empresas de seguridad de Nueva York atribuyeron a la crisis financiera un notable incremento de actividad en ciertas áreas de su especialidad, desde la protección de ejecutivos hasta el empleo de perros para detectar problemas.

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