No lo escrache: sólo rómpale los huevos

Por David Rotemberg.

En los medios se habla con demasiada liviandad de los escraches (bah, últimamente en los medios se habla con demasiada liviandad de todo).

Últimamente, en los medios se habla con demasiada liviandad de los llamados escraches (bah, últimamente en los medios se habla con demasiada liviandad de todo).

Veamos: según el diccionario, escrachar significa "romper, destruir, aplastar"; por eso (y basándonos en esta definición) está muy bien que todos nos pronunciemos en contra de este tipo de acciones, pues, tanto quienes estamos de acuerdo con los motivos del escrache como quienes son partidarios del escrachado, estamos en contra de la violencia. Y, paradójicamente, pronunciarse en contra de la barbarie queda bárbaro.

Ahora bien, póngase en el lugar de esa persona que se siente violentada en su propiedad privada, en su libre deambular, en su actividad laboral y hasta en su vida diaria. No, querido lector, no me refiero ni a Scioli, ni a Rossi, ni a ningún otro político, sino a la gente común del interior que se siente escrachada (o sea, rota, destruida, aplastada).

Porque eso es lo que sienten exactamente cuando votan a alguien y luego ese alguien hace todo lo contrario de lo que les prometió, y además los chorea y los insulta (¿qué cosa es llamar a toda la gente de campo "oligarca" y "golpista" si no un insulto?).

Y no sólo eso. Ese político, cuando fue candidato al cargo que hoy ejerce mientras se candidatea para el próximo escalón, visitó su ciudad, su pueblo…, su "casa", durante la anterior campaña para prometerle cosas, derechos, resarcimientos, trabajo, salud, vivienda, etcétera. Luego, además de no cumplir un carajo, ese político apoyó ferviente y vehementemente a quien se cagó en derechos y contratos preelectorales, justificándolo todo con un lacónico "el pueblo nos votó" (como si el voto, en lugar de crear obligaciones, sólo diera derechos; o, en lugar de legitimidad, les diera total impunidad).

Hoy, esa gente, no sólo se siente defraudada, sino también forreada (no figura en el diccionario, pero es más o menos "usada para un polvo y luego descartada"). Porque no sólo los cagaron durante al menos los últimos dos años, sino que además esos mismos políticos hoy vuelven a su ciudad, su pueblo…, su "casa", a pasearse y pavonearse muy campantes en sus autos y helicópteros oficiales (que yo sepa, el diccionario no define "oficial" como "garpado por la gilada que vota"), mientras prometen más cosas y no dan explicaciones de lo incumplido, como si nada hubiera pasado.

Entonces, le pido a quien "escracha" que no se ensucie las manos golpeando y lastimando a quienes lo defraudan: no sólo es un delito, sino también una acción que puede generar peores consecuencias, lo cual nadie quiere (bah, creo que nadie quiere, pero ahí anda Kirchner…, quién sabe).

Haga algo más justo: si usted se siente ensuciado e insultado por un candidato, ensúcielo e insúltelo; si se siente forreado, forréelo, y si le rompieron los huevos, aproveche que están rotos y tíreselos. De este modo, al sentirse sucios, los políticos harán lo de siempre: poner cara de póquer y… lavar.

Use la otra acepción de escrachar: "fotografiar a una persona" y, por supuesto, no lo vote (o sea, sáquele una foto y que, tras la elección, se vaya a su casa con el c… roto).

Eso sí, por favor: no le pegue, no lo lastime, no le robe… ni lo rompa ni destruya ni aplaste. Ese tipo de escrache sólo se permite desde el poder.

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