Escorando a estribor

Escorando a estribor

El Partido de General Pueyrredon recibió con sorpresa, para la mayoría, el triunfo de Carlos Arroyo en las PASO, candidato a Intendente de Cambiemos. Por un par de puntos superó al oficialismo local en la primarias y desplazó a quien competía directamente contra él en la interna, Vilma Baragiola, por casi quince.

Esto no va a ser un análisis del voto de los marplatenses ni batanenses, sino un bosquejo a grandes rasgos de quien es este hombre de 70 años que se impuso en las elecciones del domingo, marcando la cancha de cara a octubre.

En seis años como concejal, se ha caracterizado por despreciar las propuestas que no acuerdan con sus prioridades y su ideología. Los proyectos más relevantes que ha presentado, -extraídos de una escasa lista de iniciativas propias-, fueron siempre controversiales, porque despertaron rechazos en diversos sectores de la opinión pública. Así fue el caso de su intento de prohibición a las murgas y la participación de estas expresiones culturales en espacios públicos. Otro momento de impacto fue cuando quiso armar a placeros y guardavidas. Sí, darle armas a quienes cuidan las plazas y quienes protegen las vidas de los bañistas.

Arroyo, quien junto a ciertos medios de comunicación local, ha logrado construir un mito sobre su carrera política y educativa (Fue director durante muchos años de la EEM N°2), afianzando conceptos de honestidad y trabajo. Pocos conocen su pasado, y muy pocos su labor parlamentaria, ya que el concejal no es afín a dar entrevistas, ni posicionarse sobre temas troncales para el desarrollo de la ciudad, donde casi siempre elije abstenerse.

Quizá Arroyo opte por no exponerse mucho a las cámaras y los micrófonos porque no tiene buena experiencia mostrándose tan cual es. En su momento atacó a la prensa que decía que el buscaba prohibir las murgas y los tildó de mentiros y tendenciosos, cuando el primer artículo de su ordenanza rezaba “Prohíbase la práctica de murga y/o percusión en cualquier espacio público…”.

De hecho, el lunes, después de ganar las PASO, maltrató con una intolerancia y una violencia alarmante a una periodista por hacerle una pregunta que no le gustó. La movilera de uno de los dos noticieros más importantes de Mar del Plata, quiso saber, estando en todo su derecho de preguntar, qué opinaba sobre lo que había dicho horas antes el intendente Pulti acerca de la participación de Arroyo durante la dictadura en cargos públicos. “No me jodan más con la Dictadura. Piensen lo que quieran, a mí me contrató el municipio para arreglar un semáforo”, fue el exabrupto del candidato notoriamente ofuscado, justificando su participación en ese cargo y en esas épocas con la función que desempeñó. Que no terminó allí, en la reparación de un puñado de desperfectos, sino que Arroyo se encargó luego del organizar en estacionamiento medido para el comisionado que había impuesto la dictadura en Mar del Plata. “En lo que el Gobierno llama dictadura, hubo un sistema judicial, un sistema escolar, el Estado siguió funcionando y esto es así”, le explicó al portal de noticias 0223, cuando le preguntaron algo similar hace un par de días.

Es que Arroyo opina, además, que “en dictadura por lo menos hay Estado”, como argumentó para oponerse a un reconocimiento a Manu Chao, porque el cantante “tiene determinadas ideas anarquistas”, que él no comparte, de ahí a defender la tiranía dictatorial, ya que, según Arroyo, “Peor es la nada” anarquista.

Y esas aseveraciones que a muchos dejan con la boca abierta, tienen anclaje si hacemos un poquito de memoria y recordamos que él no sólo defendió públicamente a Seineldín, (referente del movimiento carapintada que se alzó contra los presidentes Raúl Alfonsín y Carlos Menem, atentando contra la democracia), sino que también fue candidato del Partido Popular de la Reconstrucción, sello del ex militar carapintada Gustavo Breide Obeid. Luego, en 2007, fue candidato de Luis Patti, condenado por delitos de Lesa Humanidad. Pero recién en 2009, de la mano de Eduardo Duhalde, consiguió entrar al Concejo Deliberante. Ya son 9 fuerzas políticas distintas por las que ha pasado Arroyo, finalizando en la que lo cobija ahora, el PRO, en el frente Cambiemos.

A Arroyo, quien fue cadete en la Marina y soldado en el Ejército, le gustaría que de muchos temas no se hable, porque la inmensa mayoría de los ciudadanos de Mar del Plata y Batán desconocen su pasado y pareceres sobre temas culturales y sociales. Pero resulta interesante, además de todo esto, recordar que Arroyo ha apoyado sus campañas políticas utilizando la inseguridad como baluarte discursivo, pero no votó a favor de la creación de la Policía Local en su distrito, por ejemplo. Ni siquiera consideró importante, este jueves, estar en la primera sesión del HCD tras su triunfo. Raro, ya que le demanda al Ejecutivo más institucionalidad.

Mucho más hay para decir y contar sobre este personaje, sobre este mito urbano que, cuando se rasca un poquito, se cae a pedazos. Pero ha ganado una elección gracias a eso, volcando muy a la derecha la realidad local, pues Mar del Plata está escorando peligrosamente a estribor, como señalan los organismos de DDHH, como Madres, Abuelas e HIJOS, que salieron al cruce a repudiar su maltrato hacia el periodismo. Y esta, seguramente, no será la única columna en la que, aunque a él no le caiga simpático, nos ocupemos de hacer lo que a nosotros sí nos parece fundamental: memoria.

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