Escepticismo con el ballottage

En Afganistán hubo votos fraudulentos en la última elección, de acuerdo con un informe de la ONU. Los observadores descreen de una futura transparencia electoral. Estados Unidos podría hacer inminente su anuncio sobre un refuerzo de tropas.
La Casa Blanca remarcó ayer que la decisión del presidente afgano Hamid Karzai de aceptar una segunda vuelta electoral podría acelerar la medida de Washington acerca de enviar o no más tropas al país asiático. Pero al tiempo que Robert Gibbs, vocero de Barack Obama, deslizó ayer que esa decisión podría tomarse incluso antes del ballottage previsto para comienzos de noviembre, diversos analistas en Kabul advirtieron que poco y nada se está haciendo para garantizar que el ballottage sea más creíble que la fraudulenta primera vuelta. Ayer, funcionarios estadounidenses comentaban la posibilidad de que en Afganistán las partes lleguen a un acuerdo para compartir el poder y no tener que ir de vuelta a las urnas.

Es que, a pesar de un vasto esfuerzo logístico a través del país, con la Comisión Electoral Independiente (CEI) encargada de volver a transportar miles de urnas, millones de papeletas y cientos de tarros de tinta indeleble, para los observadores internacionales las chances de que esta segunda vuelta sea justa y transparente son mínimas.

"Lo preocupante en esta elección es el hecho de que, tras la primera vuelta, sabíamos que se había cometido fraude a gran escala. Ello, a pesar de que la CEI había diseñado decenas de códigos de procedimientos para evitarlo. Pero nadie los siguió... ¿Qué podría cambiar ahora? No lo sé, no tengo la más mínima idea", admitió una fuente electoral occidental encargada de supervisar los comicios afganos.

La decisión de Karzai de someterse a una inevitable segunda vuelta sólo sobrevino luego de que una comisión de investigación respaldada por la ONU dictaminara que un tercio de sus votos eran fraudulentos, lo que redujo su caudal electoral justo por debajo del 50 por ciento, el umbral necesario para consagrarse en primera vuelta. Si acaso el mandatario hubiese resistido las presiones internacionales hasta el final, el caos se habría desatado en Afganistán. Sin embargo, lo cierto es que una nueva votación no arreglará los problemas electorales del país.

El continuo escepticismo sobre la falta de transparencia electoral en Afganistán ayuda poco y nada a aumentar la confianza de la opinión pública estadounidense en la misión militar en ese país. Una encuesta realizada por la cadena ABC y el diario The Washington Post divulgada ayer muestra a la población de Estados Unidos dividida en cuanto a si Obama debe seguir el consejo de sus generales y enviar más tropas para derrotar a los talibán. Según el mismo sondeo, lo que sí está claro para la población es que el gobierno en Washington no tiene un plan claro para ganar la guerra. Para una administración norteamericana desesperada por buenas noticias que provengan de Kabul, un ballottage en tierra talibán sería al menos un alivio.

Los preparativos electorales ya comenzaron y la misión no parece sencilla. La ONU confirmó ayer que despedirá a 200 de los 380 jefes de mesa electorales como un esfuerzo por reducir las posibilidades de fraude. Pero lo cierto es que una movida de esta naturaleza, a quince días de las elecciones, podría convertirse en una pesadilla.

La Comisión Electoral deberá recontratar a decenas de personas para llenar los cupos en las mesas de todos los distritos, y ello salteándose a todos aquellos que estuvieron involucrados de un modo u otro en el fraude de la primera vuelta. Nuevos observadores y fiscales tienen que ser entrenados. Y las tropas afganas e internacionales, movilizadas una vez más para proteger a los centros de votación de los ataques talibán.

"Dijeron que iban a tratar de seleccionar a gente idónea, pero claro, cumplir con todas las metas en tan sólo dos semanas es imposible", enfatizó un diplomático occidental desde Kabul.

Con este clima de fondo, ayer comenzaron a circular por Kabul diversos rumores acerca de un posible acuerdo para compartir el poder. Según un informe de ayer a última hora enviado por una agencia estadounidense, un oficial del Departamento de Defensa en Washington se habría reunido tanto con Karzai como con su principal rival, Abdulá Abdulá, y las tratativas estarían en curso. No obstante, Karzai afirmó públicamente que prefiere derrotar a su ex canciller en las urnas antes que firmar un compromiso. "Le quiere ganar con los votos del pueblo", aseguró Ahmed Wali Karzai, el medio hermano del presidente.

Abdulá, por su parte, aclaró que sólo se presentará a una segunda vuelta si se le garantizaban ciertas mínimas para evitar un nuevo fraude. "Para poder encarar este proceso seriamente y garantizar la transparencia de unos comicios libres y justos hace falta tomar muchas medidas. Se las estamos exigiendo al gobierno –expresó–. Lo que sí es seguro es que no se podrá hacer mucho para impedir que los talibán intimiden a los votantes", agregó el ex ministro y ahora rival de Karzai.

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