El escenario poselectoral será más complejo, pero no catastrófico.

Se acumula tarea en la lista de deberes para el 29 de junio: recesión, déficit fiscal, aumento del desempleo y la pobreza, y las obligaciones externas están en la primera línea.

Sea cual fuere el resultado de las próximas elecciones, el gobierno nacional deberá enfrentar una serie de asignaturas económicas pendientes antes de que éstas se conviertan en graves problemas que el mismo mercado se encargue de resolver, como siempre, de manera drástica y desigual.

Los problemas que actualmente enfrenta la economía no son menores, pero palidecen ante los retos que le aguardan en el segundo semestre del año y, más allá, en 2010; sólo por citar algunas de las dificultades más acuciantes, se encuentra la caída de la actividad económica, el aumento del desempleo abierto o encubierto (mediante subsidios), el incremento de la pobreza y la indigencia; el deterioro fiscal de la Nación y las Provincias, las crecientes dudas sobre la capacidad de pago de la deuda, y la caída de las expectativas de consumidores e inversores. No en vano las elecciones se adelantaron; el economista Miguel Bein, que tiene un apoyo crítico al gobierno y una visión moderadamente optimista del futuro, indicó días atrás: "La Argentina nunca cae en mayo y junio, los dos mejores meses del año en cuanto a la disponibilidad de recursos fiscales y divisas. El período previo a las elecciones coincide con la mayor oferta de dólares en la economía derivada del sector externo (en mayo y junio la liquidación de exportaciones del agro es 38% más alta que el promedio del resto del año), en tanto del lado fiscal también coincide con la mayor estacionalidad de los recursos tributarios, generando además, un horizonte más corto de gasto electoral. Es esta estacionalidad la que va a permitir mantener el tipo de cambio más o menos estable hasta fines de junio, compensando buena parte de la acostumbrada salida de capitales previa a todas las elecciones".

Por ahora el gobierno y los candidatos del oficialismo insisten en la necesidad de confirmar una mayoría amplia en el Congreso, con el objetivo de profundizar el "modelo" económico. A partir de aquí se abre una serie de interrogantes sobre lo que esto puede implicar: cuando ex presidente Carlos Menem decía que se debía profundizar el modelo nadie dudaba de sus intenciones; pero en este caso, las incógnitas superan a las certezas. ¿Se avanzará en un modelo de mayor intervencionismo estatal o por el contrario se intentará resucitar la inversión privada? ¿Ahondará el gobierno una política agropecuaria que hasta los propios técnicos del Inta advierten que es a todas luces equivocada o buscará una salida más racional al conflicto con el sector rural? ¿Se avanzará hacia una mayor regulación del mercado laboral o se buscará incentivar la creación de empleo genuino? ¿Cómo se enfocará el problema de la pobreza? ¿Se sincerarán las estadísticas oficiales? ¿Se enfilará hacia una nueva cesación de pagos o se buscará oxígeno financiero bajo el paraguas del Fondo Monetario Internacional? Pocas son las pistas que deja caer el titular del PJ, ex presidente y candidato estrella, Néstor Kirchner. Su estrategia de campaña ha pasado súbitamente de la exaltación a la moderación, del trazo grueso alarmista a una calma sigilosa. ¿Se trata simplemente de una estrategia electoral o está mostrando un nuevo perfil de gobierno, más interesado en consensuar y construir que en fomentar divisiones y conflictos?

Lo cierto es que la agenda poselectoral pesa cada día más. El 29 de junio casi no habrá tiempo para festejos o lamentos, porque el país hoy está empantanado bajo la doble llave de una crisis endógena y una recesión internacional y es por eso que esta vez el mundo está lejos de poder tenderle una mano de ayuda como en 2002.

Apocalípticos o integrados

Los análisis económicos en los últimos meses sobre el país presentan un común denominador: qué pasará después de las elecciones legislativas. De allí en más se realizan diferentes pronósticos y suposiciones que arrancan en los escenarios catástrofe, sostenidos por economistas como Roberto Cachanosky. "No vamos rumbo a una nueva crisis, ya estamos sumergidos en ella y se la observa claramente en la fuga de capitales, la fuerte recesión, los problemas fiscales y el incremento en las tasas de desocupación e inflación", afirma el eterno apocalíptico, quien una y otra vez profetiza

hiperinflaciones e hiperdevaluaciones. Desde una vereda más moderada y afín a la visión oficial, economistas como Roberto Frenkel, Eduardo Curia o Miguel Bein rechazan la posibilidad de que el país se sumerja en un colapso como los que sufrió a fines de los 80 y de los 90, a lo sumo admiten ciertas turbulencias que podrían dejar paso a un recuperación si el contexto internacional comienza a mejorar. La historia argentina reciente, sin embargo, advierte que estos ciclos de grandes expansiones y contracciones no le son ajenos.

Este medio realizó una recopilación de los últimos pronósticos de una docena de economistas o centros de investigación económica públicos y privados, y las predicciones o proyecciones finalmente son mucho más moderados que las opiniones que habitualmente se vierten en los micrófonos o los medios escritos.

En síntesis, los pronósticos para el segundo semestre se pueden resumir así: 1) Actividad económica: se pronostica desde una caída de cuatro por ciento (Fiel) hasta un alza del 1,5 por ciento (Estudio Bein). 2) Inflación: las estimaciones van desde un mínimo de 12 por ciento anual (LCG) a un máximo de 17,5 por ciento (EconViews). 3) Desempleo: las proyecciones señalan desde el 8,1 por ciento (Econométrica) hasta el 11,5 por ciento (FIEL) para fines de 2009. 4) Dólar: los vaticinios lo ubican en una franja que va de 3,65 pesos (Eduardo Curia) hasta 4,4 pesos (Fiel). Por último, el FMI pronosticó una contracción de un punto y medio en la economía y una inflación de 6,7 por ciento, quizás tomando como referencia los cálculos del Indec.

Como se puede observar, si bien algunos de estos indicadores son bastante negativos, ninguno de ellos arroja cifras catástrofe. Si se pudiera extraer del promedio de estas proyecciones una guía certera sobre el futuro a mediano plazo de la economía se podría pronosticar que el año 2009 cerrará con una caída de la actividad del 1,8 por ciento, la inflación real será de 14 por ciento, el desempleo se ubicará en el 9,6 por ciento y el dólar promediará los 4,06 pesos por unidad. En síntesis, un escenario muy alejado de las predicciones ventiladas por opositores e incluso algunos oficialistas voceros de la hecatombe (en caso de derrota electoral).

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