ESCENARIO POLITICO. El curismo fuera del Frente, pero sin cambiar el sello. El fallo de la Corte no deja dudas Los mecanismos históricos, los tres desquites y el portazo de Felipe Solá

Con la migración de Solá, el curismo también se va del kirchnerismo pero sin alterar algunas cosas para preservarlo a Gustavo Alvarez dentro de la bancada. El armado local y la relación con Vitale. El felipismo en la Séptima Sección Electoral. Miguel Santellán se queda con el PJ, pero con compañía. El video de la polémica. El fallo de la Corte y la bisagra histórica.
No se sabe si la historia la hacen los hombres o si se mueve por un mecanismo propio que está fuera de la voluntad humana.

Emile Durheim, quizás el prototipo del sociólogo conservador, le adjudicaba al hombre un rol casi nulo en la dinámica de los cambios históricos. Para él, las realidades se modificaban de manera totalmente independiente de los actores sociales. Karl Marx, el emblema de la sociología revolucionaria, pretendía que el hombre fuera artífice de la historia, al menos así lo declamaba, pero después desarrollaba una teoría histórica en donde los cambios se daban por leyes, mecanismos estructurales y otras yerbas, pero poco y nada por la acción de los seres humanos.

El tema es sumamente complejo y obviamente mucho más profundo que estas dos líneas, pero lo cierto es que siempre existió el interrogante sobre si los hombres hacen la historia o si son meros instrumentos pasivos de una mecánica externa a ellos. Hay quienes pretenden zanjar esta dicotomía apelando a una determinación mutua entre las acciones humanas y la dinámica material histórica, ¿pero cómo determinar cuándo ocurrió una y cuándo la otra, y en qué porcentaje?

Sin embargo, ¿a qué viene esta disquisición teórica? Para encuadrar algunos hechos de la actualidad. Por ejemplo, la movida del campo y su interés sectorial terminó moviendo al Congreso como institución fundamental de la República. A partir de entonces, el Gobierno se dio cuenta de que no podía tomar más decisiones inconsultas y unilaterales, y ahora todo lo manda al Congreso como reaseguro de la legitimidad de sus actos. Los productores no pretendían eso, pero fue la consecuencia no buscada.

Los Kirchner estaban muy cómodos con el Parlamento de entonces, y si había internas, no se notaban. Pero con el problema del campo, resurgieron Felipe Solá y el felipismo que antes estaba subsumido en el bloque del Frente para la Victoria, nació el cobismo como crítica interna, creció el duhaldismo, Néstor Kirchner se refugió en el PJ, un partido que hasta entonces había despreciado y buscó consolidar su hegemonía lanzando las internas, y la UCR y Coalición Cívica comenzaron un camino de reconciliación. Y todo eso fue por cuatro o cinco puntitos más de retenciones. Parece una parodia, pero al fin y al cabo es la historia y así se mueve: con cosas que parecen cómicas pero son serias o al revés, es decir, un grotesco o la gran comedia humana de Honorato de Balzac.

Los Cura, con Solá

El nuevo felipismo es producto de todo eso. Según Silly Cura, quien estuvo el jueves y viernes en La Plata en el medio de la cocina política que dará a luz este desprendimiento, "esta semana Felipe definirá su ruptura con el kirchnerismo y se apartará con su propio bloque de diez o doce diputados".

Silly agregó, confirmando lo adelantado por esta columna del domingo pasado, que "nosotros ya estamos definidos en el felipismo. Estamos ahora con Felipe porque lo consideramos una persona capaz, seria y reflexiva", y acentuó este último calificativo como si buscara oponerlo al estilo K.

Todavía no lo hablaron con Gustavo Alvarez, con quien tienen una excelente relación, y lo más probable es que lo hagan pronto. Pero su deseo es seguir funcionando juntos con los temas locales, con el mismo sello, aunque los identifique con el Frente, y con la libertad para votar por lo que cada uno esté convencido. Es decir, por ahora no se le piensa cambiar el nombre.

Con el Intendente continuarán con las buenas relaciones que venían teniendo, porque el curismo sostiene que las diferencias las tuvieron con las políticas de su padre, pero el estilo y la gestión de José Eseverri "son otra cosa".

A todo esto, el Intendente recibió como un cachetazo el video en la cena de los municipales. Estuvieron a punto de levantarse de la mesa e irse, pero José Eseverri detuvo a sus colaboradores y les pidió que se quedaran. "Al Tano (Stuppia) lo aplaudió sólo la comisión directiva cuando habló -dijo uno de ellos-. Transformaron una fiesta en un problema en la relación entre el sindicato y el Ejecutivo y los mismos empleados", agregó.

Un fallo histórico y los divinos desquites

Y esa es la otra palabra que podría sintetizar los principales hechos de los últimos días: el desquite, ese atributo tan humano que sin embargo los griegos lo habían erigido como un placer de los dioses, aunque claro divinidades por cierto muy humanizadas.

Porque tiene mucho de desquite lo de Miguel Santellán respecto de Alicia Tabarés. También lo hubo en los triunfos de Roberto Tassara, con Auza detrás, contra Marcelo Spina en la Unicén, y de la CTA contra la CGT con el fallo de la Corte a favor de la libertad sindical.

Spina no entendió el código de la política que, como una guerra sublimada, no puede dejar que el enemigo se recomponga. Las batallas se hacen hasta el final y eso es lo que no hizo Marcelo Spina. Dejó que Auza se rearmara de su derrota transitoria y, aprovechando el sesgo conservador de ciertos exponentes universitarios, su falta de políticas para con algunos sectores de izquierda y tal vez lo condenó el haberse acercado demasiado al intendente radical Miguel Lunghi.

Por su parte, la CTA, que había quedado marginada por el Gobierno cuando por su dependencia de la CGT le negó la personería gremial, se tomó su venganza con el fallo de la Corte a favor de la libertad sindical.

Los últimos 60 años de historia sindical fueron prácticamente de unicato cegetista y sólo en contadas ocasiones debió resignar ese monopolio.

Esto pasó con la CGT de los Argentinos, de Raimundo Ongaro, que fue el sindicalismo opositor durante la dictadura de Onganía; con la división durante la dictadura entre la de Brasil y Azopardo, la primera contestataria y la segunda obsecuente del poder militar; y con el MTA, que nació para contrarrestar al menemismo frente a la pasividad de la CGT respecto de la desocupación que iba dejando la ola privatizadora.

Todo eso nació por necesidad, ya que la CGT supo ser por momentos el sostén de gobiernos de cualquier signo, aun antidemocráticos, o bien fue el principal partido opositor, como le pasó a Raúl Alfonsín. Tuvo una relevancia desproporcionada, pero eso se fue en gran medida por la falta de peso de las estructuras partidarias. En la política suele darse ese "horror al vacío" que Aristóteles veía en la naturaleza.

El fallo no ofrece ninguna duda. No es para un caso particular como dice Hugo Moyano y "sólo aplicable a un caso similar" como expresó Eduardo Cataldi. No, el dictamen es claro y obliga a compatibilizar la ley nacional con los convenios internacionales sobre libertad y pluralidad sindical. Por lo tanto, con este fallo, hay un antes y un después en la historia sindical argentina.

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