El escenario / Otra expropiación por temor al default

Por Jorge Oviedo

El proyecto oficial de reforma del sistema jubilatorio significa que se acaba la salida que se les ofreció a quienes quieren tener sus ingresos en blanco, pagar sus impuestos y, como premio a ello, obtener una jubilación razonable y no una miserable prestación estatal.

Para saber cuál será la muy probable consecuencia en los haberes futuros basta con mirar a los que cobran hoy más que la mínima, que ni siquiera la Corte Suprema ha podido rescatar de la expropiación permanente que les propina el Gobierno, que casi no actualizó sus haberes mientras era manirroto con el resto de los beneficiarios.

Lo peligroso de la situación es que, evidentemente, el matrimonio gobernante está desesperado por dinero. ¿Son ciertas entonces las sospechas de que otras estadísticas están tan manipuladas como las de inflación, pobreza y producto bruto interno? Los Kirchner se mueven como si no tuvieran muchos caminos para evitar un default que sería un golpe fatal para su administración.

Es sorprendente que se diga que es el Estado el que rescatará a los aportantes del sistema de capitalización. Quienes lo eligieron no quieren que el Estado administre sus ahorros. Huyen del Estado porque probablemente sus padres y abuelos fueron estafados aportando mucho y cobrando luego prestaciones miserables.

Igual, quedaron en manos del Estado, porque la ley obligó a que la mayor parte de los ahorros depositados en las administradoras de fondos de jubilación y pensión se invirtieran en bonos... del Estado. Ningún Presidente, ni Fernando De la Rúa, ni Adolfo Rodríguez Saá, ni Eduardo Duhalde se animaron a meter a esos aportes en la bolsa del default, junto con los bonos que habían sido adquiridos por inversores extranjeros. Néstor Kirchner lo hizo.

Gracias a que la poda alcanzó entonces también a los argentinos, los extranjeros sufrieron una quita menor. Las cuentas capitalizadas invertidas en bonos pasaron a valer menos, pero el Estado autorizó a que se las calculara por un tiempo a ?valores técnicos?. Es decir, como si cada papel cotizara en los mercados al ciento por ciento de su valor. Eso ocultó la quita practicada a los aportantes, que ahora se transparenta de a poco.

Pero la quita siguió, porque el propio Estado entregó 35 por cada cien pesos ahorrados a los aportantes y prometió actualizarlos por el llamado coeficiente de estabilización de referencia (CER), un índice que prácticamente coincide con la inflación.

Luego falsificó el CER (mediante la manipulación de las cifras de inflación que mide el increíble Indec) para pagar menos, lo que hizo caer más el valor de los papeles? y de las carteras de inversión en las administradoras. El que hizo todo para que los ahorros en las AFJP valieran menos, ahora va rescatar a los aportantes llevándolos al sistema jubilatorio estatal.

El ?rescate? que se ofrece a los que más trabajan y aportan es enviarlos a un sistema donde sus aportes se han utilizado durante décadas para otorgar beneficios a quienes jamás contribuyeron. A esos con los que se es ?solidario? se les da una jubilación mínima, que luego es la que más se actualiza. A quienes más aportaron, los Kirchner los han mantenido congelados hasta hace poco y los han expropiado tanto que la Corte Suprema de Justicia ordenó cambiar la situación. El kirchnerismo y sus aliados, con una ley que perpetúa la injusticia, se niega.

Año electoral

Parece difícil no percibir que la permanente acción del oficialismo se dirige a apropiarse de todos los aportes para hacer caja en el año electoral. Hacer además gastos populistas y ganar 1,3 millones de jubilados agradecidos y probablemente votantes, que estarán contentos de que se les haya concedido lo que en muchos casos no les correspondía.

A quienes sí correspondían las actualizaciones y no se les han concedido les queda simplemente el camino de la Justicia. Los fallos a favor probablemente lleguen cuando muchos de ellos no vivan. Y los pagos que reducirán la caja serán problema de otra administración.

Si las AFJP son finalmente casi liquidadas, probablemente tengan parte de la culpa. Nacieron para evitar que los aportantes fueran robados por el Estado. Pero se rindieron cuando el presidente Néstor Kirchner, el ministro Roberto Lavagna y el secretario de Finanzas Guillermo Nielsen las amenazaron con que les quitarían el negocio si no enviaban a sus aportantes a la confiscación del 65 por ciento de sus capitales ahorrados. Ahora, como diría Bertolt Brecht, igual vienen por ellas.

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