El escenario macroeconómico que nos espera

Por Miguel Kiguel Economista de Econviews

El panorama no es alentador. Se esperan caídas en la inversión y en las exportaciones. La clave por ende pasará por el consumo, donde es difícil ser optimista, y por el gasto público, para lo cual no hay financiamiento. El Gobierno cuenta con un as bajo la manga, que es tomar medidas que logren desplomar el riesgo país

Cuánto va a crecer la economía, cuál será la tasa de inflación, y cómo terminará el riesgo país en el 2009? El escenario macroeconómico argentino presenta hoy más interrogantes que certezas, en parte debido a la volatilidad de la economía mundial y en parte por las dificultades de prever las políticas económicas que se tomarán en un año electoral.

El nivel de actividad está colapsando en todo el mundo. La recesión se profundiza día a día y se espera una caída del producto en Estados Unidos del orden del 1.5%, del 1,9% en Europa y del 3.5% en Japón para el 2009. De continuar la tendencia actual, estos números serían incluso revisados hacia abajo en las próximas semanas.

Los países emergentes la están pasando algo mejor, ya que se espera que, por ejemplo, América latina crezca a una tasa del 0.7% anual en el 2009. Sin embargo, ya se observan importantes contracciones en el producto de Chile, Méjico y Brasil en el cuarto trimestre del 2008 (con tasas anualizadas del orden del -4%). El pronóstico para el primer trimestre de este año sigue complicado, con lo cual todavía no es claro si el crecimiento para todo el año será positivo.

Dentro de este contexto, la economía argentina enfrenta una doble presión: por un lado, el descenso en el nivel de actividad, que ya se venía desacelerando desde principios del año pasado debido al agotamiento del ciclo de alto crecimiento por la falta de inversión, tendencia que se agudizó a partir de marzo con el conflicto con el campo; por otro lado, también somos afectados fuertemente por una crisis internacional cuyas consecuencias se tradujeron en una baja en los precios de las materias primas, una menor demanda de nuestros productos y una fuerte restricción crediticia que llevó a que la Argentina perdiera el acceso a los mercados de capitales.

Por ahora las respuestas en política económica no han logrado mejorar el panorama. La nacionalización de los fondos de pensión, que podría haberse leído como un esfuerzo por obtener recursos para afrontar el pago de la deuda, en lugar de restablecer la confianza generó resquemores, ya que fue percibida como un avance del Estado sobre la propiedad privada.

El riesgo país se disparó y llegó al nivel más alto de la región, a pesar de que un análisis exhaustivo de los números fiscales y de las necesidades de financiamiento indica que el Gobierno está en condiciones de afrontar los pagos sin demasiadas complicaciones.

Al mismo tiempo, las medidas que el Gobierno viene anunciando para enfrentar la recesión que ya está con nosotros han producido mucho ruido pero pocas nueces. Los planes de financiamiento para autos, calefones y heladeras que se anuncian no alcanzan para revertir la caída en la producción industrial.

Tampoco parece que puedan funcionar los intentos por aumentar el empleo mediante una política fiscal expansiva que incremente la obra pública, ya que los anuncios chocan con la imposibilidad de encontrar recursos para financiarlos. La falta de crédito limita la posibilidad de llevar adelante políticas macroeconómicas contracíclicas.

El panorama se complica por la incertidumbre que genera un año electoral. El principal riesgo es que, ante la falta de alternativas para enfrentar la recesión económica, se busque crecer a través de aumentos de salarios y del gasto público financiado con emisión monetaria e inflación. Si bien este ha sido un Gobierno que ha mantenido la disciplina fiscal, hasta ahora lo ha hecho aumentando el gasto público y en un contexto de crecimiento económico. ¿Lo podrá hacer con estancamiento económico?

¿Que se puede esperar para el 2009? Mucho va a depender de cómo siga el mundo y de las políticas que se adopten en la Argentina. El panorama no es alentador. Se esperan caídas en la inversión y en las exportaciones. La clave por ende pasará por el consumo, donde es difícil ser optimista, y por el gasto público, para lo cual no hay financiamiento.

En cuanto a la inflación, todo indica que va a bajar. Pero, al haber inercia inflacionaria, el monto de la caída va a depender del impacto que tengan los recientes aumentos en las tarifas de servicios públicos y de otros servicios como educación y salud, y de los aumentos salariales, que en un año electoral pueden superar las expectativas.

El Gobierno cuenta con un as bajo la manga para revertir la situación, que es tomar medidas que logren desplomar el riesgo país. ¿Se animará a dar señales pro-mercado, a sincerar el CER o a recurrir al FMI de Obama? Por ahora no parece, pero es la apuesta más promisoria en este contexto.

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