Escarceos antes de la reunión

Escarceos antes de la reunión
"Acercarse al Fondo no es una vergüenza", aseguró Nicolás Eyzaguirre, del FMI. Boudou pidió una mayor democratización del organismo y afirmó que no quiere que la revisión de la economía se convierta en una "auditoría". Mañana se reúne con Strauss-Kahn.
Los escarceos entre el Gobierno y el FMI continuaron ayer mientras se negocia la llegada de una delegación del organismo multilateral para cumplir con el relevamiento de la economía previsto en el artículo IV de su estatuto. "Acercarse al Fondo no es una vergüenza", aseguró el director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Nicolás Eyzaguirre. Luego justificó por qué habría que detallar la situación económica del país. "Argentina es un miembro del FMI y del G-20. Ambos son clubes en los que uno participa y comparte sus políticas con los demás. Pero participar en un club para escuchar lo que dicen los demás, sin decirles lo que uno está haciendo, resulta bastante raro", remarcó. Boudou insistió en que aceptará una revisión, pero dijo que no está dispuesto a que su aprobación esté condicionada al cumplimiento de una serie de recetas de política económica. Tampoco quiere que la visita se convierta en una reprimenda pública. Mañana, Boudou y el titular del Fondo, Dominique Strauss-Kahn, se verán las caras y se supone que habrá una definición sobre el tema. Hoy habrá un adelanto con la reunión que mantendrá el titular del Banco Central, Martín Redrado, con Strauss-Kahn.

Eyzaguirre aseguró que la eventual revisión de la economía será un "análisis técnico, no político". "No queremos ser intrusivos", dijo ante una pregunta de un periodista en la conferencia de prensa que ayer brindó en Estambul, en la Asamblea Anual del FMI y el Banco Mundial. Según el economista chileno, la revisión es una "oportunidad, pero también una obligación" para el país por ser miembro del organismo multilateral. "No se trata de una auditoría sino de un diálogo de los expertos del FMI con las autoridades del país", insistió. La última vez que la Argentina permitió a los funcionarios del FMI revisar su política fiscal y monetaria fue en 2006, tiempo después de haber cancelado la totalidad de la deuda que mantenía con el organismo multilateral.

El Gobierno argentino está interesado en retomar el vínculo con el Fondo porque sabe que la revisión del artículo IV le sirve de respaldo para buscar financiamiento en el mercado de crédito voluntario, pero no quiere que los burócratas del organismo sometan al país a un escarnio público con críticas basadas en los preceptos ortodoxos que pregona el organismo. El Gobierno sabe que, más allá de la "lavada de cara" que Strauss-Kahn intentó darle a la institución, los técnicos son los mismos de siempre y las políticas que pregonan también. Además remarca que, pese a las promesas de reforma, el Fondo sigue siendo un instrumento de coerción que utilizan los países centrales para disciplinar a los periféricos.

Boudou lo dejó en claro ayer al afirmar que "no habrá un ‘nuevo FMI’ sin una estructura de gobernanza más representativa y democrática". "Para lograr este objetivo se debe aumentar significativamente el peso y la representación de los países en desarrollo, incluidos los más pobres", sostuvo el ministro de Economía ante el Comité Monetario y Financiero Internacional. En el Fondo hace rato que pregonan una mayor democratización, pero hasta ahora los cambios han sido cosméticos. Mientras tanto se resisten a poner fin a los condicionamientos. Saben que, aunque no le pidan recursos, los países igual necesitan que se cumpla con la revisión del artículo IV porque otorga un "sello de calidad" para poder endeudarse en el mercado. Esa especie de "sello de calidad" es el que les da algún poder para imponer condiciones. Mañana se verá hasta qué punto.

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