Los escandalosos sobreprecios de los productos agrarios

Los escandalosos sobreprecios de los productos agrarios
Las distorsiones en la cadena agraria están en su punto más álgido, generando sobreprecios hasta 12 veces mayor que la materia prima. Mientras el Gobierno dedica energías a la lucha política con el sector, la cadena sigue sin regularse y los consumidores deben pagar elevados valores innecesariamente.
Por Francisco Marzioni. Mientras que pocos economistas pueden explicar la galopante inflación que asola las góndolas del país, los productos agropecuarios probablemente sean los máximos exponentes de la fuerte distorsión de precios que existe en el comercio argentino.

Según datos que revelaron los productores autoconvocados que impulsaron protestas en nuestra región durante la semana pasada, los sobreprecios en la cadena agrícola se encuentran a la orden del día.

En el caso del trigo, el producto primario con el que se fabrica el pan, el estudio revela que mientras que una tonelada de trigo se paga en el mercado agrario alrededor de 400 pesos, el valor de la misma cantidad de pan asciende a 5000 pesos, es decir, 12 veces más caro en las panaderías del país. Aunque desde el campo al molino, y de allí a la fábrica del pan existen varios procesos que requieren sus propios costos, lo cierto es que la cifra final es muy superior a lo razonable.

Uno de los casos más escandalosos es el de la carne vacuna. Mientras que el ganado en pie se paga en Liniers alrededor de 3200 pesos por tonelada, al consumidor el precio de la misma cantidad se calcula en 18000 pesos, lo que implica un valor seis veces mayor en la carnicería por un producto de escaso valor agregado. Mientras que el kilo de novillo vivo tipo exportación un ganadero cobra no más de 3,20 por kilo, en la góndola de los comercios se valora un kilo de asado en 14 pesos, un kilo de lomo 25, y la misma cantidad de pulpa, 16 pesos.

Y la leche vacuna, un producto de primerísima necesidad que cuenta con fuertes crecimientos de ventas en el mercado interno, según el estudio de los autoconvocados se valora un promedio de 750 pesos por mil litros, mientras que la misma cantidad al consumidor final –en los casos más económicos, se pagan 2800 pesos por la misma cantidad.

Es por eso que en los considerandos de este estudio –resumido en forma de panfleto y entregado en las rutas durante las protestas- los productores indican que "nuestro problema no son las retenciones, nuestro problema es poder continuar produciendo, es tener un plan económico sustentable en el tiempo, con reglas claras de juego para todos los argentinos, que cada día trabajan y ponen su esfuerzo para ver crecer este país".

¿Quién es el responsable?

El control de precios de las góndolas y de toda la cadena de productos es jurisdicción casi exclusiva de la secretaría de Comercio Interior de la Nación, dependiente del Ministerio de la Producción. Esta cartera se encuentra precedida por el ultrakirchnerista Guillermo Moreno, un funcionario del riñón del ex presidente Néstor Kirchner que es el brazo ejecutor de la estrategia política del presidente del PJ hacia le sector agropecuario, al cual entiende como un feroz adversario político.

Moreno no ocupa mucho de su tiempo, sino que su estrategia es, más bien, el maquillaje. Así, en cambio de analizar concientemente las cadenas de valor de los productos –método utilizado por el ministro de la Producción de Binner, el rafaelino Juan Bertero- y así detectar las distorsiones y brindar solución al problema, Moreno optó por intervenir el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) para, a la fuerza, dibujar los números de las estadísticas oficiales y así disminuir los índices inflacionarios, pero sin cambios en la inflación real.

Otra estrategia que utilizó durante la gestión de Néstor Kirchner fueron los acuerdos de precios sectoriales, donde el secretario obligaba a los comercializadores a bajar los precios mediante actas firmadas y presiones telefónicas que rayaban en las amenazas. Esto terminó poco después de la asunción de Cristina Fernández, cuando los pactos de Moreno perdieron la poca credibilidad que tuvieron desde el principio, y la estrategia se evidenció inútil en todo sentido.

Una tercera herramienta utilizada por Moreno es la entrega de subsidios a la producción, pero como el funcionario comprende a los agropecuarios como adversarios, los subsidios se entregan a los escasos amigos políticos del Gobierno, por lo que la estrategia vuelve a hacer agua por todos lados.

A pesar de que la ineficacia de Moreno fue probada por la prensa, la oposición, algunas voces oficialistas y por la totalidad de los consumidores, la presidenta Fernández en varias ocasiones decidió ratificar la presencia de Moreno en su Gabinete y la permanencia del funcionario al frente de los asuntos comerciales.

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