Un escándalo de sexo y poder que preocupa cada vez más al Vaticano

La Santa Sede busca apaciguar a sus obispos para evitar roces con el gobierno.
Un escándalo de sexo y poder que preocupa cada vez más al Vaticano

El Vaticano ha quedado en una situación complicada y trata de mediar en el conflicto entre Silvio Berlusconi y los obispos italianos a raíz de los escándalos sexuales del primer ministro, mientras siguen creciendo la polémica en torno a las acusaciones del diario de la familia Berlusconi, Il Giornale, contra el director del matutino católico de Milán, Avvenire, que es propiedad de la Conferencia Episcopal. Il Giornale disparó a quemarropa contra Dino Boffo, director del periódico, revelando una historia de abusos y homosexualidad que ha levantado nuevas grescas.

Berlusconi dijo que no hay contraposiciones de su gobierno con la Santa Sede. Estas aclaraciones alimentaron la impresión de que hay obispos disconformes con la gestión de la crisis que estalló el viernes cuando el Secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, hizo anular una cena con Berlusconi después de que, esa mañana, salieron las denuncias contra Boffo.

Poder, chismes, escándalos, todo condimentado con sexo y personajes de alto vuelo. Desde finales de abril, cuando la segunda mujer de Berlusconi, Verónica Lario, denunció a su marido por "frecuentar menores" y anunciar el pedido de divorcio, hay cada vez más líos de tono subido y hasta el Vaticano ha quedado metido en la guerra.

Vittorio Feltri, un periodista de talento que dirige las campañas conservadoras, debutó de nuevo hace unos días como director de Il Giornale. Feltri decidió comenzar su "rentree" (fue director también hace unos años) con una bomba mediática: la revelación de que el "supermoralista" y "supercensor" director de Avvenire fue condenado en 2004 por un tribunal de Terni por haber "molestado" a una mujer por teléfono, pero porque andaba en relaciones homosexuales con su marido y quería que ella no se interpusiera.

Feltri hizo valer una "nota informativa" adjunta a la fotocopia de la decisión del tribunal, que obligó a Dino Boffo a pagar a la mujer 516 euros. La nota está hecha como si se tratara de un material oficial.

Pero la "nota informativa" ha resultado ser falsa. La policía, los tribunales y los jefes de los servicios aclararon que ellos no la escribieron y que no hacen prontuarios de las inclinaciones sexuales de las personas. "Notorio homosexual", decía la "nota informativa".

Los obispos italianos reaccionaron apoyando a Boffo, que criticó muy fuerte en estas semanas a Berlusconi por sus presuntas frecuentaciones de chicas jóvenes y prostitutas de lujo, según una serie de revelaciones. También contra la rígida política de inmigración, que Boffo llegó a comparar con el Holocausto de los judíos en la Segunda Guerra Mundial.

El Vaticano ha quedado en una posición incómoda. Por un lado el cardenal Bertone llamó anteayer al director de Avvenire y le manifestó su "cercanía y solidaridad". Para que no haya dudas, ayer por la tarde se anunció que el propio Benedicto XVI había llamado por teléfono al presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el cardenal Angelo Bagnasco, quien dijo palabras muy duras contra el ataque a Dino Boffo, a fin de manifestar la paternal "estima y gratitud" pontificia. En un gesto inusual, el Papa dijo que apreciaba el trabajo de la CEI y pidió a Bagnasco una evaluación de la situación italiana.

Es evidente que el Vaticano quiere evitar rajaduras en el frente interno más importante para la Iglesia, porque Italia es la patria concreta de la evolución histórica del catolicismo y el escenario clave en el que se mueve el Papa, obispo de Roma.

El Vaticano mueve sus piezas para emparchar las relaciones con el estrecho aliado berlusconiano, que siempre ha dado a la Iglesia en Italia todo lo que pide para dificultar la ley de divorcio y el aborto; arruinar los proyectos de hacer una ley de fecundación artificial asistida; impedir una ley liberal de testamento biológico; dotar de nuevos fondos a la educación católica. Y mucho más a fin para mantener una hegemonía de la Iglesia sobre la sociedad italiana que contrasta con el creciente "relativismo" hedonista europeo, según Joseph Ratzinger.

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