Errores que auguran días aún peores

Por: Eduardo van der Kooy

Néstor y Cristina Kirchner sólo piensan en las elecciones. No asoman previsiones para el día después. El tono que imprimen a la campaña acentúa la incertidumbre política y económica. La salida de capitales es una mala señal. Empieza a verse un nuevo eje peronista en el interior.

Sólo la terquedad o el ensimismamiento podrían explicar tantos errores. Néstor y Cristina Kirchner parecen convertir la campaña electoral en un callejón sin salida para ellos. Han repetido que la Argentina volará por los aires si el último domingo de junio una derrota golpea al Gobierno. Han repetido que necesitan de la mayoría parlamentaria para garantizar la gobernabilidad

Ninguna de aquellas afirmaciones resulta a priori creíble, más allá del dramatismo con que el matrimonio suele propalarlas. Pero el estado de ánimo que traslucen para encarar el desafío electoral podría darles con el tiempo alguna verosimilitud. ¿Cómo reaccionarían frente a un eventual traspié? ¿Cómo se las ingeniarían para gobernar si no cuentan en los próximos años con la supremacía legislativa que tuvieron hasta ahora? No debería haber razones objetivas para temer por una crisis política después de la votación, aunque los Kirchner se encarguen de atizar la llama de la duda.

Los ojos y el pensamiento del matrimonio están encallados en el 28 de junio. Esa mirada y ese desarrollo intelectual breve parece erigirse en un condicionante serio del futuro. Si los Kirchner están empeñados en sembrar tanta incertidumbre política, ¿qué destino podría aguardarle a una economía que desde hace meses viene castigada?

Los Kirchner siguen lidiando, al fin, con un problema que no lograron resolver desde que Cristina desembarcó en el poder: la ausencia de confianza. Abunda el escepticismo en la sociedad y aumenta la perplejidad en el extranjero por el sendero de inestabilidad que ha resuelto transitar de nuevo la Argentina.

La incertidumbre y la inestabilidad se van nutriendo de grandes y de pequeñas cosas. La elección de junio, planteada como una cuestión de vida o muerte, es una de ellas. Pero también la constante disfunción del propio Gobierno.

Cristina intentó en sus últimos viajes al exterior -la reunión del G-20 y la Cumbre de las Américas- alisar la escarolada imagen de nuestro país. Sobre todo pensando en las dificultades financieras que se avecinan. Las dificultades poseen un volumen: son 5.700 millones de dólares de vencimientos que el Gobierno deberá afrontar en el segundo semestre. También Martín Redrado, el titular del Banco Central, y Carlos Fernández, el ministro de Economía abordaron el problema en Washington.

Aquellos intentos, sin embargo, parecerían vanos. Estaría circulando en medios financieros internacionales un emisario de Kirchner a modo de negociador paralelo. Se trata de un hombre ligado al mundo del cine, de Hollywood, que frecuentó en una época los negocios y la arquitectura. Vivió en Los Angeles pero ahora tiene residencia en Francia. Se sabe que habría establecido contacto con miembros del Club de París, donde la Argentina mantiene una deuda de 6 mil millones de dólares.

Dos funcionarios de organismos económicos internacionales que habían dialogado con Redrado y Carlos Fernández se enteraron de la misión discreta de aquel hombre enigmático. Sorprendidos, rastrearon alguna corroboración en el Gobierno. Dieron con un ministro que apenas atinó a balbucear: "No lo sé, no lo sé. Quizás pueda ser...".

Esos despropósitos acostumbran a tener un precio que nunca resulta módico si la impericia política se filtra en el medio de una crisis económica. Veamos los costos conocidos: el Banco Central informó que de enero a marzo hubo más de 5.500 millones de dólares de salida de capitales. Más del doble de la fuga ocurrida en el mismo período del año pasado. Entre octubre y enero ya se habían ido 23 mil millones.

La Argentina figura en el penúltimo escalón de las naciones de América que están recibiendo inversión directa. Más abajo sólo está Costa Rica. La inversión que llega tiene casi exclusivamente que ver con la sociedad política y comercial con Brasil. Los empresarios brasileños llevan destinados en diferentes proyectos entre 3 y 4 mil millones de dólares.

Las buenas noticias que son posibles rescatar en una realidad desangelada muchas veces, al final, tampoco lo son. Los términos del intercambio comercial mejoraron para la Argentina en las últimas semanas por la suba del precio internacional de la soja. Pero esa suba está fomentada por una menor oferta derivada, en especial, de la magra cosecha en nuestro país a raíz del conflicto con el campo.

La desconfianza también va produciendo una paulatina dolarización de las carteras bancarias. Pero, a diferencia de otros tiempos difíciles, el dinero no está saliendo de allí. El desbarajuste financiero internacional que terminó detonando la crisis económica pareciera un motivo para explicar el comportamiento.

Esa realidad aparece prendida con alfileres y su evolución depende, en parte, de la campaña en marcha y, mucho, de la reacción que los Kirchner y la oposición tengan el día después del comicio.

El ex presidente sintió la semana pasada algún alivio cuando Daniel Scioli le comunicó que una encuesta propia les concedía en Buenos Aires entre 5 y 9 puntos de ventaja. Otros trabajos reflejarían una mayor paridad con el PJ disidente de Francisco De Narváez y Felipe Solá. Con su crecimiento paulatino la alianza entre la Coalición Cívica y el radicalismo pretende terciar.

Los intendentes bonaerenses que se han montado en las candidaturas testimoniales no recogen todavía sobre el terreno el optimismo y la holgura que muestran algunas de aquellas encuestas.

Los Kirchner se han colocado en la última semana, con sus declaraciones, metas electorales complicadas de cumplir. No sólo van por una victoria en Buenos Aires que, siquiera por poco, es factible. Claman también por una mayoría parlamentaria que, como están las cosas, les resultaría casi imposible mantener.

Sólo en Buenos Aires renovará 20 bancas y aún ganando resignaría no menos de 7. El panorama aparece desolador en Santa Fe, Capital y Córdoba.

Santa Fe atormenta a los Kirchner. El distanciamiento de Carlos Reutemann no tiene retorno, a tal punto que el ex gobernador, en las últimas horas, desestimó una sugerencia de la Casa Rosada para incluir un par de candidatos propios en la lista de diputados. También fracasaron dos correos a Agustín Rossi para que declinara su postulación. El jefe del bloque de diputados del PJ siente, con razón, que ha hecho mucho por el matrimonio este tiempo y que no pueden cercenarle el derecho a pelear.

Capital es casi para el kirchnerismo tierra arrasada. No existe a la vista candidato que le asegure, al menos, una elección digna. El que podría ser, el ex canciller Rafael Bielsa, está dispuesto a resistir las presiones y a continuar donde está: entre su actividad profesional y sus libros.

El distrito porteño no tiene para los Kirchner la trascendencia que atesora Santa Fe. Reutemann va construyendo desde allí una entente que incluye a Córdoba y Entre Ríos. Juan Schiaretti se ha encolumnado con el ex gobernador y Jorge Busti mantiene largas charlas con él. Han llegado señales del salteño Juan Manuel Urtubey y se sabe de encuentros reservados de Reutemann con José Alperovich. El mandatario de Tucumán fue hasta hace poco un entusiasta defensor de los Kirchner.

Reutemann sigue siendo el hombre misterioso y parco que fue siempre. Pero desde el conflicto con el campo viene trasuntando una voluntad política hasta ahora desconocida. El peronismo del interior siempre lo observó con buenos ojos pero también con el desconcierto que provocaban sus fugas y sus silencios.

El peronismo ha tomado nota del nacimiento de aquella entente que representa algo más que la aspiración de sectores del peronismo de comenzar a despejar el horizonte para el 2011. Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos representan también un poder económico y la mejor síntesis del largo conflicto -el del campo- que ha jaqueado a los Kirchner.

Scioli tiene muy buena relación con Reutemann, pero sus destinos políticos parecen ahora llamados a no converger. El gobernador de Buenos Aires ha hecho una apuesta de riesgo al aceptar la candidatura testimonial en nombre de Kirchner. Si aquella apuesta saliera bien aspiraría a convertirse en presidenciable, el mismo objetivo que persigue el senador por Santa Fe.

¿Cuál sería una apuesta exitosa? "Ganar Buenos Aires con un piso de 5 puntos de diferencia", opina uno de sus asesores. "En ese caso no habría discusión", sostiene. Siempre podría haberla estando de por medio la ambición de Kirchner. Pero también existe un plan alternativo: "Si el triunfo fuera muy apretado, tal vez Scioli iría por la reelección en la Provincia", sinceró aquel mismo portavoz.

¿Atenderá Kirchner aquel polo peronista con eje en Santa Fé? ¿Lo tendrá en cuenta para conducir el proceso hasta el 2011? ¿Aceptará la incidencia de Scioli en caso de triunfar en Buenos Aires?

Esas preguntas sin respuesta son las que introducen de a poco a los argentinos en un remolino de inseguridad y de angustia.

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