¿El error de un pueblo?

¿El error de un pueblo?
Por Mariano Grondona

El pueblo venezolano le ha dado el "sí" a Hugo Chávez. Como consecuencia, el presidente venezolano podrá presentarse a una nueva reelección en 2012, cuando termine su actual mandato. Como el período presidencial en Venezuela es de siete años, esto quiere decir que en 2019, al finalizar el mandato de 2012-2019 que ya pretende, Chávez llegaría a los veinte años de poder, a los cuales querría sumar otra serie de siete años en 2019 y así sucesivamente hasta el día de su muerte. Con la votación del último domingo, en suma, el pueblo venezolano ha puesto a Chávez en camino hacia la presidencia vitalicia.

Al pueblo venezolano, ¿le conviene eso mismo que ha votado? ¿Le conviene a cualquier pueblo sujetarse a la biografía de un hombre? La historia prueba abrumadoramente que el poder vitalicio de un hombre trae consigo innumerables abusos. "El poder corrompe. El poder absoluto corrompe absolutamente". Esta famosa frase de lord Acton, más que una demostración de ingenio, es la reacción de un observador racional ante una realidad mil veces confirmada. Es para contrarrestarla, precisamente, que han nacido instituciones como la división de los poderes y la fijación de plazos a la ambición de los gobernantes.

En las repúblicas, el poder está contenido por las instituciones. Para todos los efectos prácticos, el domingo último Venezuela dejó de ser una república. Alguien podrá decir que, a cambio de esta mutilación institucional, Chávez le está dando al pueblo venezolano amplios beneficios económicos y sociales. ¿Pero ha reducido acaso en su patria el círculo agobiante de la pobreza? ¿Ha aprovechado con prudencia los ingentes recursos que le dio el petróleo, o los ha despilfarrado? Si Acton se levantara de su tumba, ¿no vería en Chávez una dolorosa confirmación de su famosa advertencia?

Pero la mayoría del pueblo venezolano votó a Chávez, es decir a un gobernante que, por lo visto, no le conviene. Los pueblos, ¿pueden entonces equivocarse? En ninguna parte está escrito que los pueblos sean infalibles. Un pueblo tan culto como el alemán votó alguna vez por Hitler. Si los hombres se equivocan, ¿por qué no pueden equivocarse también esos conjuntos humanos que son los pueblos?

La democracia no sostiene la "infalibilidad" sino la "soberanía" del pueblo. La democracia dice solamente que, con sus aciertos y sus errores, es el pueblo quien debe mandar. Pero el último domingo, ¿mandó realmente el pueblo venezolano o votó en cambio bajo la presión incontenible de un gobierno que utiliza todos los recursos públicos en su propio beneficio? Miles de venezolanos ya se están exiliando por temor a la represión chavista. Nuestra última pregunta, por ello, es inquietante: Venezuela, ¿es todavía una democracia o comienza a ser una dictadura?

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