Rol equivocado de ministerios.

El esquema de doble paritaria es intrínsicamente inconsistente. Más allá de los formalismos, en la práctica implica que el nivel central fija incrementos de remuneraciones que tienen que ser afrontados por los gobiernos provinciales. En otras palabras, quien fija el aumento no es el responsable de pagarlo.
La intensificación de los paros docentes pone de manifiesto la fragilidad fiscal estructural. El superávit fiscal de los últimos años se logró, en parte, gracias a la licuación del salario docente producida por la devaluación.

A medida en que las remuneraciones recuperan el poder adquisitivo aparece nuevamente la imposibilidad de pagarlas con recursos genuinos, es decir, nuevamente se exterioriza una situación fiscal deficitaria.

Los ministerios de educación no se asumen como responsables de la formación de los alumnos sino que operan como meros administradores de conflictos laborales: una especie de "ministerios de trabajo docente".

Bajo estas condiciones no debe extrañar que la Argentina sea el país que más ha involucionado en las pruebas internacionales. Según la evaluación PISA del 2006, última disponible, en la evaluación de lectura a jóvenes de 15 años la Argentina terminó en el puesto 54º entre 57º países.

Tomando sólo los países de Latinoamérica, los jóvenes argentinos fueron calificados por debajo de Chile, Uruguay, Brasil y Colombia. Comparando el 2000 con el 2006, Chile incrementó su calificación en 33 puntos y la Argentina retrocedió 45 puntos.

En otro tiempo el país supo preciarse de la calidad de su enseñanza. En la actualidad, 6 de cada 10 jóvenes de 15 años no sabe utilizar la lectura como herramienta de incorporación de conocimiento.

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