El equipo de memoria

El equipo de memoria
COPA SUDAMERICANA / VELEZ 1 - BOCA 0: ANALISIS: ¿El de Basile? No, este Vélez de Gareca que sigue en un nivel altísimo. Le dio otra clase de fútbol de conjunto a un Boca que no aparece y lo eliminó de la Sudamericana. ¿Y ahora, Coco?
Se descascara Boca, no hay vuelta que darle. Le duelen los huesos, las batallas de sus tiempos de gloria piden una tregua y pasan la factura del cansancio, de los años, de las huellas que deja tanto caminar. El tiempo es cruel si se lo desafía, y este Boca quiso hacerse el distraído con el calendario. Se caía de maduro, allá cuando el ciclo de Carlos Ischia se desangraba, que era necesaria una renovación, seguramente dolorosa, pero menos que este transitar lastimoso de un grupo que merecía otro final.

Vélez desnudó sin piedad a su rival y expuso la diferencia que marcó un equipo prepotente, en la plenitud física y futbolística de sus hombres, con una energía viril, primaveral, que demanda roce, que no rehúye la fricción, que exige lucha y la da. Este Vélez (26,3 años de promedio contra 29,9 de su rival) es lo que era Boca en otro tiempo. Se plantó con una suficiencia descomunal, arrió como un papelito al Boca de Basile, ahogó a Riquelme, arrinconó a la última línea a pura presión. Y lo llenó de moretones. La velocidad entre un equipo y otro fue otra de las claves. Los volantes locales salían como flechas de sus posiciones y llegaban casi sin oposición hasta las barbas de un Abbondanzieri que jugó como en sus mejores noches y evitó una goleada que se vio en todo el campo, menos en la red. Boca se vio obligado a apelar a la mezquindad, aun contra las convicciones futbolísticas de su técnico y de sus jugadores, porque sencillamente no podía cambiar golpe por golpe. Apeló a bajar el ritmo, a buscar el pelotazo para ganar aire y tiempo. Así fabricó algunas chances, con Palermo bajando pelotas para otros, con los cabeceadores buscando un milagro que no llegó jamás.

Cuando Cristaldo perforó un arco que debió haber caído antes (enorme Cubero para meter un pase-gol que envidiaría cualquier enganche) el partido se terminó. Aun cuando Boca estaba a sólo un gol de los penales, desde lo futbolístico era una misión imposible. En lugar de bombardear a Montoya, aunque más no fuera por vergüenza deportiva, el equipo de Basile se deshizo en la impotencia, con Palermo, tantas veces salvador y bandera, pegando una patada tan impropia de su gloriosa carrera. Vélez es un equipo en serio, que juega de memoria y se proyecta a futuro. A Boca le queda la memoria de lo que fue y el dolor de ya no ser.

Comentá la nota